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V Domingo de Pascua. Ciclo A

Jesús: El Camino, la Verdad y la Vida[1]

En estos días de Pascua, la alegría y la paz del Resucitado mantienen viva nuestra fe y confianza en Jesús. En el diálogo íntimo de la cena de despedida de Jesús con sus discípulos, les da indicaciones para cuando él falte. Ellos, le expresan su deseo de ver al Padre. Jesús mismo es la presencia del Padre.

Los niños viven también un intenso deseo de ver a Dios. Poco a poco lo van conociendo en la Palabra de Dios, escuchada, orada y meditada; en la invocación, pausada y serena del nombre de Jesús; en el camino de preparación sacramental hasta recibir el Pan de vida eterna en la eucaristía; en el amor de Dios y de los hombres… 

Jesús no se cansa de llamar suavemente, a la puerta de nuestro corazón. Él busca nuestra amistad, espera sin prisa nuestra respuesta. Cuando la abrimos, nos hace capaces de “ver “, en la fe, la esperanza y el amor. Le invocamos: 

Ven, Señor Jesús.

Mírame con amor de Padre.

Muéstrame tu rostro.

CANTO: Hazme testigo de tu amor.[2]

1. No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. [3]

Jesús habla a sus discípulos en un momento muy delicado: se despide, antes de morir. Ellos sienten miedo, incertidumbre, tristeza. Su corazón está turbado. Jesús mira también los temores y desánimos de toda la humanidad. Sabe bien que, en la vida, la peor ansiedad, viene de la sensación de impotencia y soledad, en la ausencia de una persona amiga, en quien confiar. También los niños conocen esa ansiedad de corazón: cuando las tareas no salen bien, cuando los mayores les regañan y les imponen sus formas, cuando se sienten solos, porque los adultos no tienen tiempo para estar con ellos.[4]

Jesús mira nuestros miedos con ternura y compasión. Espera que acudamos a Él, le hablemos de nuestras preocupaciones e inquietudes. Si seguimos a Jesús, Él nos conduce por el camino de la confianza. Le conmueve la actitud de los niños que acuden a Él para hablarle en la intimidad de sus dificultades y problemas. Allí Él está presente en el silencio que pacífica y reconcilia. Conocernos en verdad, acoger nuestra pequeñez, ofrecerla a Jesús, con sencillez en cada momento de nuestra jornada, de manera particular en la Eucaristía, es el camino del Reino.[5]

Guardo silencio. Escucho las voces que resuenan en mi interior. Me asaltan agobios y dificultades. La voz de Jesús me toca por dentro. Como un niño que no comprende, me abandono en Dios. Él me susurra al oído:

Confía en mí

Déjalo todo en mi corazón.

2. «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.[6]

Jesús marcha a prepararnos un lugar. Nos quiere llevar junto a Él. Desea que vivamos cerca de Él. Para llegar allí, el Padre ha previsto un camino: su hijo Jesús. Si seguimos sus mismos pasos viviremos en la Verdad y tendremos Vida en abundancia. Jesús es un Camino a recorrer en confianza plena, en un diálogo de amor que, desde un encuentro inicial con Él, germinará en una amistad verdadera que culminará en la entrega de corazón a corazón.[7] Si seguimos su camino no quedaremos defraudados.[8] Dedicándole tiempo, en la sencillez e inocencia de los niños, nos conformaremos con Él, en sus gestos de perdón, sinceridad, amor a la Verdad, confianza, simplicidad, autenticidad, humildad.

San José de Calasanz nos dejó escrito: “Los caminos que tiene el señor para guiar las almas al paraíso son todos santos y misteriosos, y todos son rectos con total y paterna Providencia; y no deja nadie sin Cruz, que, en algunos, el sentido la vuelve muy pesada, pero, con paciencia, el espíritu encuentra una gran suavidad.”[9]

Guardo silencio. Dejo que Jesús toque mi alma. Quiero ir con Él, en un camino de humildad y confianza. Le escucho atentamente:

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida

Entrégame tu corazón.

En dinámica de oración

Jesús, reconozco que muchas veces te reduzco a unas ideas, unas normas, o, una oración fría y superficial.[10] Hoy te escucho: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida “. Me tocas como un fuerte aldabonazo en la puerta de mi corazón. Me llamas a salir de mis ideas, y superficialidad, para seguirte en el camino de la Verdad y la Vida que se encarna en lo pequeño, lo simple, lo auténtico del encuentro contigo.

Me relajo y descanso en Ti. Aunque no te sienta, sé que buscas ese lugar único, personalizado para mí, donde me encontraré en la intimidad del hogar. Quiero seguirte por tu camino de Cruz, puerta de entrada al paraíso.

Aquí estoy, ante Ti. Me siento pobre, niño, vacío de mis proyectos, y deseoso de Ti, en el anhelo de compartir contigo este pequeño espacio de recogimiento, interioridad, encuentro y amistad. Atiendo mi respiración, en quietud y serenidad. Te invoco:

 

Jesús,

Tú eres mi Verdad, mi Vida, mi Camino.

Pequeño contigo, me abandono en Ti.

En tus manos, pongo mi vida.

CANTO:  En tus brazos.[11]


[1] Jn 14,1-12

[2] Recoger y derramar. Cantos para la Oración Continua, CD 2

[3] Jn, 14,1

[4] Papa Francisco, Regina caeli, 10 de mayo de 2010

[5] San José de Calasanz, Opera Omnia, vol. III, pág. 326. Ep 1339. Ediciones Calasancias, 2019.

[6] Jn 14,6

[7] San John Henry Newman, “El corazón habla al corazón”, 1879

[8] Papa Francisco, Regina caeli 7 de mayo de 2023.

[9] San José de Calasanz, Opera Omnia, vol. III, pág. 524. Ep 1565. Ediciones Calasancias, 2019.

[10] Papa Benedicto XVI, DCE, 1: “Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.”

 

[11] Recoger y derramar. Cantos para la Oración Continua, CD 2