Domingo de Ramos. Ciclo A
Jesús, con los niños, llévame a tu Reino
La celebración del Domingo de Ramos nos abre la puerta de la gran Semana Santa. En la fe, acompañamos y contemplamos a nuestro Señor Jesús, compasivo con los pecadores, misericordioso con los pobres, encarnación de la bondad de Dios… dispuesto a redimir al mundo.
Jesús, parco en palabras, da algunas instrucciones precisas sobre el asno sobre el que entrará en Jerusalén. Todo lo que dice es significativo, salvífico. Evita palabras vacías, inútiles. Él nos sugiere entrar en la Semana Santa en una actitud de silencio y recogimiento, prescindiendo de palabras superficiales. Centrados en la única palabra que salva.[1]
Queremos acompañar a Jesús en esta semana de pasión y resurrección. Nos disponemos para un tiempo de oración. Guardo silencio exterior e interior. Aprendo De Jesús a utilizar la palabra inspirada que recoge el alma. Atiendo mi respiración. Le invoco:
Ven, Señor Jesús.
Mírame.
Acalla mi corazón.
Quiero escuchar tu voz.
Canto: Dejándome mirar por Ti [2]
El pollino
Los burros aparecen de vez en cuando en la Sagrada Escritura. Por ejemplo, el asno de Balaam que contempló el ángel que su jinete no fue capaz de ver [3]; el burro que, en la visión del profeta, Isaías, conoce a su dueño, mientras que el pueblo de Israel no le reconoce. [4]
Sin embargo, la atención se centra hoy en el profeta Zacarías:
“¡Salta de gozo, Sión;
¡alégrate, Jerusalén!
Mira que viene tu rey,
justo y triunfador,
pobre y montado en un borrico,
en un pollino de asna.” [5]
El pollino que Jesús pide prestado para la ocasión nos habla de pobreza y humildad. No llega en la suntuosidad de un caballo, como los grandes de este mundo, sino en un asno prestado. Él llega como el rey de los últimos: “pobre, entre los pobres y niño, entre los niños.” [6] Vacíos de sí mismos, libres del afán de poder, prestigio y vanidad aclaman al que llega: “¡Viva Dios! ¡Bendito el Reino que llega![7]
Entra en tu interior. Imagínate allí, entre aquellas gentes. Cerca de los niños. Déjate contagiar de sus voces. Escucha sus exclamaciones:
“¡Viva Dios! ¡Bendito el Reino que llega!
Exprésale con confianza: Jesús, con los niños, llévame a tu Reino
En dinámica de oración
La Palabra de Dios en su conjunto nos ofrece una luz nueva que ilumina nuestra verdad. Dios quiere que comprendamos la historia de nuestra propia salvación. Contemplar las señales que Dios ha revelado a otras personas, en otros lugares, hace muchos años nos ayuda a dar sentido a lo que sucede en nuestra vida.
Cuando educamos a un niño, intuimos posibilidades que revelan un potencial que quizás alcanzará plenitud en la adultez. Esto no quiere decir que cada rasgo de un niño sea precioso. La Sagrada Escritura es muy honesta, nombra el dolor y el sufrimiento al que desciende nuestra existencia. El Domingo de Ramos nos introduce en lo que viviremos los próximos días.
La vida cristiana no maquilla la realidad convirtiéndola en un cuento de hadas y príncipes. No, habitamos en un mundo roto, a menudo cruel, enfrentado y agresivo, que necesita salvación. En esta Semana Santa, la Palabra de Dios nos enseña que ningún sufrimiento escapa a la mirada compasiva de Dios, que él escribe en nuestras vidas una biografía de gracia inmerecida en la que todo pecado queda redimido en la muerte y resurrección de Cristo.[8]
En el silencio del corazón acojo a Jesús que viene a mi vida en la humildad de un peregrino, dejándose conducir por un borriquillo. San José de Calasanz nos dejó escrito en sus Constituciones: “adoptan una actitud grata a Dios dejándose llevar y traer por su Providencia a través de los Superiores; como el borriquillo aquel que Cristo cabalgaba el día de Ramos, que se dejaba conducir y encaminar a todas partes”. [9]
Me dejo conducir con docilidad. Jesús lleva las riendas de mi vida. Él me lleva por su camino de abajamiento y cruz, en la esperanza de la resurrección.
Le invoco:
Señor, despierta mi oído.
Hazme escuchar tus palabras, como un discípulo.[10]
Canto: Hacer tu voluntad.[11]
[1] Mt 21,1-11
[2] Recoger y derramar. Cantos para la Oración Continua, CD 2
[3] Nm 22,22-23
[4] Is 1,3
[5] Zc 9,9
[6] Constituciones de las Escuelas Pías, 19
[7] Papa Benedicto XVI, Homilía 9 de abril de 2006.
[8] Mons. Erik Varden, OCSO: Contemplar y vivir la Semana Santa.
[9] Constituciones de S. José de Calasanz, 108
[10] Is 50,4-7
[11] Recoger y derramar. Cantos para la Oración Continua, CD 2
