III Domingo de Cuaresma. Ciclo A
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
Lectura del santo evangelio según san Juan 4, 5-14
En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber».
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».
La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».
Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
Palabra del Señor
Meditación compartida
Un día, Jesús se sentó junto a un pozo porque estaba cansado, sediento. Se acercó una mujer a sacar agua. Jesús le pide de beber. También nosotros sentimos sed y cansancio. Acudimos a los papás, los compañeros y amigos. Les pedimos de comer y beber. A veces, nos sentamos juntos, y al tiempo que bebemos, hablamos de nuestras cosas.
A partir de su petición: “Dame de beber”, Jesús y la mujer samaritana dialogan tranquilamente. La mujer le ofrece su amor y confianza. Jesús le entrega el agua viva de su Espíritu Santo que Él nos trae a toda la humanidad. También nosotros podemos estar con Jesús. Entregarle nuestra amistad y dejar que Él nos llene de su vida, escuchándole en la Palabra; recibiéndole en la Eucaristía; compartiendo con el prójimo. Jesús, danos siempre tu agua viva.
Para reflexionar y compartir: ¿Encuentras tiempo para sentarte con Jesús? ¿Qué le puedes ofrecer? ¿Qué agua viva recibes de Él?
Oración
Jesús, un día, cansado del camino,
se sentó junto a un pozo.
Allí se encontró con una mujer.
Él le pidió de beber.
En su diálogo, Jesús le reveló el agua viva que nos trae.
Jesús, quiero saciar tu sed, ofrecerte mi amor.
Dame a beber tu agua viva. Amén
A tu amparo y protección,
Madre de Dios acudimos,
no desoigas nuestros ruegos,
y de todos los peligros,
Virgen gloriosa y bendita,
defiende siempre a tus hijos.
