II Domingo de Cuaresma. Ciclo A.
Transfigurados en Él
El camino cuaresmal hacia la Pascua, después de ofrecernos el encuentro de Jesús, en el desierto, con las tentaciones del diablo, nos presenta el acontecimiento extraordinario, único de la Transfiguración en el monte Tabor. Ambos episodios nos guían hacia el misterio Pascual: la lucha de Jesús, con el tentador, nos anuncia el misterio de su pasión y muerte en Cruz, ante el que Pedro y los discípulos se rebelaron; [1] por otra parte, la luz de su cuerpo transfigurado nos anticipa la gloria de la Resurrección.[2]
Ante estos textos, vemos a Jesús plenamente humano, que comparte con nosotros toda la debilidad e impotencia vinculada a la tentación y al señor de la muerte[3]; también lo contemplamos como el Hijo Amado del Padre que diviniza nuestra humanidad. En alguna medida, nos encontramos ante los dos grandes fundamentos de la vida cristiana: del pecado a la gracia, de la muerte a la vida, de la debilidad a la fortaleza[4].
Las muchas tareas y ocupaciones dispersan la atención. El Espíritu Santo nos quiere llevar a nuestro mundo interior, donde acoger la Verdad de nuestra vida con el cariño y cuidado de Dios. Él sabe de nuestras debilidades, tentaciones, y quiere conducirnos a ese monte santo, donde todo es Luz, Gracia y plenitud. Le invocamos:
Ven, Señor Jesús.
Busco tu rostro, no me escondas tu rostro.
Vence mis miedos
Dame la gracia de tu salvación.
Canto: Dichoso quien sabe orar en Espíritu y Verdad [5]
1. Jesús tomo consigo a Pedro, Santiago y su hermano Juan y se los llevó a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. (Mt 17, 1-2)
En nuestra vida de cada día, también nos encontramos con las voces del tentador que confunden y engañan. Vivimos en un mundo herido por las guerras, el hambre, la violencia que agrede la dignidad de las personas. Jesús no se desentiende de nuestra existencia amenazada por el mal, nos ama y mira con ternura. Como a Pedro, Santiago y Juan nos toma junto con Él para llevarnos a un monte alto, alejados de las distracciones de este mundo, en la abstinencia de los sentidos, con la sencilla pretensión de compartir tiempo, palabras, reflexiones que iluminen la Verdad de Dios en toda realidad humana.
En la Sagrada Escritura, los montes son lugares de la máxima cercanía de Dios, donde Él se nos revela y manifiesta. Ascender al monte exige esfuerzo, disciplina, renuncia a lo superfluo para centrarnos en lo imprescindible. En alguna medida, el camino que Jesús nos ofrece, conlleva una liberación de todas las ataduras que ralentizan nuestro ir detrás de Él. Respirar el aire puro de la creación nueva de su Espíritu, nos dispone para acoger la LUZ que es Jesús: “Quien le ve a Él, ve al Padre.” (Jn 14,9) Allí, en oración, se contempla su identidad más genuina, en su íntima filiación, y lo que seremos todos los que sigamos su mismo camino: “… por la pasión, se llega a la gloria de la resurrección.” [6]
Como Moisés y Elías conversaban con Jesús, tú también puedes dialogar con Él. En la sencillez e inocencia de los pequeños, acoge la presencia de Jesús en su Palabra, en la Eucaristía, en la oración y en la caridad … Deja que él te hable, te guíe, te inspire.
En silencio, ora en tu interior: Jesús, Luz de Luz, muéstrame tu rostro.
2. Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube, decía: “Este es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco. Escuchadlo” (Mt 17,5)
Una nube luminosa, los cubrió con su sombra. La oración transfigura y transforma la realidad herida por la tentación y el pecado: donde se sentía, turbación, inquietud, pereza y lejanía de Dios; ahora comienza a vivirse paz, consuelo, esperanza, quietud y determinación para seguir adelante en el bien obrar. [7]En el fondo de una oración auténtica de recogimiento, una Eucaristía/liturgia bien celebrada, una Palabra meditada y orada, se escucha al Dios vivo. Cuando hay una unión de corazón a corazón con Dios, somos transformados y regenerados en él, nos revestimos de su luz y nosotros mismos nos convertimos en luz para los demás. [8]
“Al final se encontrarán quizás muy arrepentidos y engañados, pues al paraíso sólo se va por amor; y según los grados de amor o caridad que tenga uno, así tendrá de gloria, y cuanto más nos humillemos por amor de Dios, es señal de que más le amamos. Igualmente, cuantas más pobres nos hacemos por amor de Dios, tanto mayor amor de Dios mostramos”, nos dejó escrito san José de Calasanz en 1636 [9]
Recógete en tu interior. Invoca a Jesús: Jesús, transfórmame en tu luz, transfórmame en tu amor, llévame a tu gloria
En dinámica de oración
La escucha es un rasgo distintivo de Dios. Él siempre escucha el clamor de su pueblo.[10] “Quien alimenta su espíritu con su palabra, contempla gozoso, con mirada limpia, la gloria del rostro de Dios. [11]
Guardo silencio. Permanezco en la presencia de Dios. Jesús se ha fijado en mí, me ha llamado por mi nombre. Me lleva a un espacio vacío de superficialidades. La paz, la serenidad, la quietud indican su presencia en mí. Mi respiración me serena y acompaña.
Escucho mi interior, mi realidad, despojado de prejuicios y opiniones vanas. Sé que Dios está presente en mi realidad. Me asalta la tentación de huir, pero no, quiero estar aquí de la mano del Transfigurado, quiero escuchar.
Ante mi dolor, mi herida, mi desánimo, mi cruz le ruego:
Jesús, transfórmame.
Jesús, transfigúrame.
Jesús, ilumíname.
Jesús, dame mirada limpia
para contemplarte en toda miseria humana.[12]
Canto: Hacer su voluntad.[13]
[1] Mt 16,21-23
[2] Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, La esfera de los libros, 2007.
[3] Hb 2,14-18
[4] Benedicto XVI ángelus 17 febrero 2008
[5] CD 3
[6] Prefacio Eucaristía II Domingo cuaresma
[7] S. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, Reglas Primera Semana
[8] 2 Cor 3, 7-8;4,7-12
[9] San José de Calasanz, Opera Omnia, vol. V, pág. 429-430. Ep 2630. Ediciones Calasancias, 2019
[10] Papa león XIV, mensaje de cuaresma, 2026
[11] Oración colecta Eucaristía II Domingo cuaresma
[12] Plegaria eucarística V/b
[13] CD 2
