25 de agosto. San José de Calasanz
EN LAS RAICES DE CALASANZ
Muchas veces, Jesús, en su predicación, utiliza la imagen de la semilla para hablar de su reino y su misión. Las semillas se entregan por completo a la tierra y allí, con la fuerza impetuosa de su don, estalla en unas raíces que encuentra en la tierra sus nutrientes, y en un tallo que con el tiempo se convertirá en un árbol frondoso, rico en ramas y frutos. (Mt 13,31-32)
En San José de Calasanz, la semilla del Evangelio se encarnó en su vida, y poco a poco, la amistad con Dios fue desarrollando profundas raíces en su corazón, asimilando una nueva vida, inspirada en las mociones del Espíritu, que se expresó en sus decisiones y opciones durante las diferentes circunstancias de su biografía.
Hoy, celebramos a Nuestro Santo Padre José de Calasanz, en la actitud de hijos y discípulos. Deseamos que él nos enseñe a encarnar sus mismas semillas del Reino, en las tareas y servicios de cada día. Que el Espíritu Divino nos disponga internamente para que el Evangelio de Calasanz encuentre en nosotros una tierra fértil y nutricia, y nos ayude a vivir con pasión, el amor generoso e intenso a tantos niños heridos, maltratados, humillados… en tantos lugares de la tierra. Invocamos al Espíritu Santo:
Ven Espíritu Santo
Llénanos con el fuego de tu amor.
Haznos dóciles a sus inspiraciones.
Canto: Espíritu Santo Maestro. (CD 2)
Ante la vida y persona de Calasanz, fácilmente quedamos fascinados por la suavidad y delicadeza con que Dios le fue conduciendo en las circunstancias de su vida hacia el encuentro con los niños pobres, pero algo aún más hermoso, hacia esa transformación personal desde la riqueza a la pobreza, de la grandeza a la pequeñez, de la altivez al abajamiento y la humillación de sí mismo, hasta “darse de todo corazón a Dios”. Son muchos los rasgos de su carisma, que brillan con luz propia:
- La atención prioritaria a los más pequeños y pobres;
- El cultivo de la interioridad y la oración;
- El dejar obrar a Dios;
- La búsqueda de los mejores métodos pedagógicos;
- La humanidad en el trato con las personas;
- La promoción social de los pobres;
- El talante pobre y humilde en su hablar y actuar;
- la búsqueda continua de la gloria de Dios
En el fondo, nos sobrecoge su persona y su obra. Deseamos seguir su camino, pero no siempre sabemos cómo hacerlo. En alguna medida, nos surge una inquietud: Santo Padre Nuestro José de Calasanz, ¿cómo seguir fielmente tu camino?, ¿cuáles fueron las raíces que te sostuvieron firme aún en las situaciones más adversas?
Seguramente, nos hablarías de la Virgen María, la Madre de Dios. Parece que en Ella encontraste la mejor inspiración y guía. Desde tu primera infancia, en el hogar familiar, tu mamá María Gastón te habló de Ella y te enseñó a amarla con cariño y ternura, en el ejercicio de entrañables devociones. La Madre del Señor Jesús te acompañó en todas las circunstancias de tu vida, a Ella te encomendaste con filial confianza. Siempre tuviste clara conciencia de que las Escuelas Pías eran obra suya. Compusiste la Corona de las 12 Estrellas, en un canto de alabanza a la Santa Trinidad, por las gracias que derramó en el corazón inmaculado de María. Santa María fue una gran raíz, con la que mantuviste un trato firme, confiado y veraz.
De Ella, aprendiste las actitudes que otorgan solidez a tu persona y carisma:
- La simplicidad y humildad para acoger los designios de Dios y entregarse a ellos de todo corazón;
- El silencio y la escucha que disponen para aceptar las inspiraciones que el Espíritu Santo va dejando en el propio corazón;
- La presencia del Señor Jesús contemplada en cada niño que te salía a tu encuentro, a quien educar en piedad y letras;
- El “afortunado atrevimiento y tesonera paciencia” (C 1) para llevar adelante la misión recibida;
- El abandono confiado en la Divina Providencia, aún en las circunstancias más adversas;
- El amor a Cristo crucificado, venerado y adorado en el misterio de su Pasión;
- La caridad, paciencia y esperanza madurada en la tribulación y la prueba;
Quizás, nos sintamos incapaces de arraigarnos y permanecer en las mismas raíces de Calasanz. Siempre nos asalta la tentación de lograr por nosotros mismos, nuestros planes y proyectos. Calasanz, como un Padre comprensivo y misericordioso, nos quiere ayudar a seguir su mismo camino. Si le escuchamos con el corazón, él mismo nos susurra con mucho cariño: “Quien llegue a esta práctica de saberse, mantener como un niño de dos años, que, sin ayuda, cae muchas veces, desconfiará siempre de sí mismo e invocará siempre la ayuda de D ios. Y esto quiere decir esa sentencia tan poco entendida y mucho menos practicada: “Si no se convierten y se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos” (Mt 18,3). Aprenda esta práctica y procure llegar a esta gran sencillez, que entonces encontrará en verdad aquella sentencia que dice: “El Señor se confía a los sencillos” (Prv 3,32) (Calasanz, 4-8-1628)
Es necesario aprender la sabiduría de hacerse pequeño, último, humilde como un niño del Evangelio, en la simplicidad, la pureza de corazón, el abandono confiado. Por nosotros mismos, no lo lograremos, pero si le concedemos la primacía a Jesús, su Palabra, al Espíritu Santo, si le invocamos y dejamos que nos ilumine, cada vez nos asemejaremos más a Él, porque nos arraigaremos más en Él.
Gracias Calasanz, por la obra que Dios ha hecho en ti, porque te entregaste a Dios y a los niños de todo corazón. Tú nos acercas a ese encuentro tan íntimo, profundo y entrañable con cada niño, niña, adolescente y joven con quien compartimos vida, aprendizaje, oración, actividades, juegos… Ahora, queremos confiártelos a Ti, a Santa María, Reina de las Escuelas Pías, nuestro amparo y protección, al mismo Dios. Deseamos recibir la sabiduría de Dios, que no se aprende en los libros, sino en el trato íntimo con el Espíritu.
Guarda silencio. Atiende tu respiración, sin prisa, pausadamente. Date tiempo. Aquí está tu verdadera raíz que mantiene en ti la vida. Así es el Espíritu, un hálito de vida, capaz de hacernos semejante a Dios. Invócale:
Ven, Espíritu Santo… Ven, Espíritu Santo… Ven, Espíritu Santo…
Confío en Ti… Haz crecer mis raíces…
Arráigame en Jesús… Arráigame en su Evangelio…
Arráigame en María…. Arráigame en Calasanz…
Enséñame a ser pequeño al servicio de los últimos.
CANTO: La vid verdadera (CD 3)
