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La Navidad es la fiesta de la Luz, que desciende a la tierra para que un grupo minúsculo de personas la acojan: la Virgen María, San José y algunos pastores: un frágil niño recién nacido que lloriquea en el silencio de la noche. La Epifanía es la proyección de esa luz en los cielos para que una estrella que podía verse desde muy lejos anunciara a todos los pueblos el nacimiento de su Rey.

Sin embargo, nuestro mundo se sumerge fácilmente en las tinieblas de conflictos y abusos de poder que dejan a tantas gentes en la indigencia; de una vida altamente tecnificada carente de principios y valores que favorecen el bien común; del gasto excesivo y superfluo de unos pocos ante la miseria de muchos… Es urgente una transformación de las personas, que permita preferir el bien común de todos al lujo de unos pocos.

Hoy necesitamos hombres y mujeres valientes que alimenten la esperanza, a ejemplo de los Magos que emprendieron un largo viaje siguiendo una estrella para arrodillarse ante un Niño, adorarle amorosamente, y ofrecerle sus dones más preciosos. Rogamos al Espíritu que nos conceda este atrevimiento, para ser peregrinos de esperanza.

Ven, Espíritu Santo.

En Ti, Jesús, mi esperanza.

Escucha mi clamor.

No me abandones, Dios mío.

CANTO: Luz de todos los pueblos CD 1

En el recorrido de aquellos magos está simbolizado el destino de todo hombre: nuestra vida es un camino, iluminados por luces que nos permiten entrever el sendero, hasta encontrar la plenitud de vida y amor, que reconocemos en Jesús, Luz del mundo.

Los magos eran hombres sabios, estudiosos de la CREACIÓN, escrutadores del cielo, en un ambiente que atribuía a las estrellas un significado, una influencia en las circunstancias de la vida. Ellos dedicaban tiempo con generosidad a contemplar la belleza de la Naturaleza, dejarse interpelar por ella. Era capaces de admirar la belleza de las grandes constelaciones y de las pequeñas cosas: el amanecer, la luz del sol, el mar, las flores. La creación les hablaba de Dios. En nuestro entorno tecnológico, parece difícil entusiasmarse con la belleza natural. Con frecuencia, nuestros niños quedan atrapados por la atracción de un dispositivo electrónico para cualquier actividad. Sin embargo, su inocencia y autenticidad les acerca a la contemplación de Dios. Un niño es capaz de Dios, queda también seducido por los frutos de su presencia: la paz, la bondad, la quietud de espíritu.

Siguiendo aquella estrella, los Magos se pusieron en CAMINO. Se despojaron de su gente, sus tierras, sus comodidades y seguridades, para dejarse guiar por una estrella.

Jesús nos ama, viene a nuestro encuentro para movernos. Herodes, turbado por el nacimiento de un Rey que amenaza su poder, organiza reuniones, envía a otros que se informen; pero él no se mueve, está encerrado en su palacio. Teme la novedad de Dios. No se arriesga personalmente por el Señor. Es la tentación de quien estudia a Dios, pero no se deja transformar por Él; de quien habla de lo divino, pero no reza; de quien se queja, pero no se compromete… Los magos y los niños son dinámicos. Cuando Jesús llena su corazón, hablan poco, se acercan a Jesús, gozan de hacerle compañía. Aunque desconocen las verdades de la fe, están ansiosos, en camino, buscan al Niño, porque al acoger su ternura, se encuentran con ellos mismos, sienten sanar sus heridas, surge espontánea la confianza y el abandono.

Cuando los magos llegaron ante Jesús, hacen lo que escuchan de María y José, lo que contemplan en el niño: OFRECER. Jesús está allí para ofrecer la vida de Dios: su bondad, ternura y compasión. Ellos llegan al pesebre para ofrecer sus valiosos bienes: oro. incienso y mirra. Una vida de oración y evangelio alcanza plenitud cuando se llega al don de sí mismo. Dar gratuitamente a Jesús, sin esperar nada a cambio, con la alegría, generosidad y buen humor de los niños. Aprender a entregar tiempo, diálogo, amistad, bondad sin cálculos egoístas, incluso cuando no ganamos nada con ello. El que se ha hecho pequeño por nosotros, nos sugiere que ofrezcamos algo para los otros. A Jesús, le ofrecemos nuestro corazón. A los hermanos, nuestra compañía, cuidados y los bienes con que atender sus necesidades. El apóstol Pablo nos dejó escrito, recordando las palabras del Señor Jesús, que dijo:” Hay más dicha en dar que en recibir”. (Hch 20, 35) Los Magos ofrecieron oro, incienso y mirra. Pensemos en un don gratuito, sin nada a cambio, que podamos ofrecer. Será agradable al Señor.

En dinámica de oración

Jesús te espera en Belén. La creación entera te habla de Él. Te envía luces e inspiraciones que te guían en el camino de la vida. Siento que me cuesta acoger y guardar sus mensajes, tantas veces sutiles y delicados. Pero sé que me espera. Quiero ponerme en camino, como un peregrino, vacío de pensamientos y sentimientos que me invaden y confunden en el camino. Quiero dar lo mejor de mí mismo.

Guardo silencio. Atiendo mi respiración. No tengo prisa. Orar lleva su tiempo. Dejo que la presencia de Dios llene mi alma. Le invoco:

Señor Jesús, ¡qué hermosa es tu estrella!

Tú has encendido una LUZ en mi vida.

Gracias, Jesús.

Tu Luz siempre me acompaña,

me acompaña, me guía hasta Ti.

Quiero mirarte, adorarte,

ofrecerte mi corazón.

Quiero ser tu amigo

Canto: Ser tu amigo CD 1