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Fieles en la adversidad. En el mes de Calasanz II

Una vida guiada por el Espíritu Santo es una vida expuesta a la tentación y la adversidad. Jesús, en el inicio de su ministerio, fue llevado por el Espíritu al desierto donde fue tentado por el diablo. También Calasanz, en su camino hacia la plenitud de su vocación sacerdotal se enfrentó a la tentación.

Nosotros, siguiendo el camino de Jesús al estilo de Calasanz somos capaces de resistir a la tentación y seguir las inspiraciones del Espíritu.

Invocamos la escucha y la luz del Espíritu:

Espíritu Santo, visítame con tu luz.

Espíritu Santo, lléname de tu gracia.

Espíritu Divino, guía mi alma.

Canto: Espíritu Santo CD 1

San José de Calasanz, cuando terminó sus estudios elementales en la escuela de Peralta, inició un largo camino que le llevó primero a Estadilla donde se preparó para sus estudios universitarios que cursó en Lérida, Valencia y Alcalá de Henares. Aunque se encontró con el ambiente bullanguero y perturbador de los estudiantes, nuestro joven Calasanz se mantenía fiel a su vida de oración que le valió el calificativo de el Santet en Estadilla y posteriormente en consejero y ayuda de sus compañeros.

Aquel ambiente juvenil no lo apartó de su camino hacia el sacerdocio. Sin embargo, parece que Dios quería complicarle” en alguna medida su itinerario y surgen dos dificultades que afectan no solo su proyecto de vida, sino a su misma persona: por una parte, en Valencia, una dama que le incitaba a pecar y que por gracia de Dios y de su excelsa Madre, eludió el lazo que le había sido tendido por el diablo”, dejando la ciudad. Por otra parte, en 1579, muere su hermano Pedro. Su padre le acosa, pidiéndole por todos los medios que renuncie a su vocación sacerdotal para dar herederos y perpetuidad a su casa y hacienda”. La actitud de su padre debió afectar a Calasanz. Pero una enfermedad providencial, en la que el joven Calasanz hizo voto a la Virgen de seguir su camino hacia el Sacerdocio, si se curaba. Una vez recuperada la salud, su padre aceptó la decisión vocacional  de su hijo.

Cuando contemplamos con mirada creyente estos acontecimientos de la vida de Calasanz, comprendemos que una vocación cristiana es el gran regalo de Dios, que para madurar exige el esfuerzo de la renuncia en la audacia y fortaleza que viene del Espíritu Santo.

Como a Calasanz, Dios me ha enriquecido con muchos de sus dones. Quizás no los conozco. Recogerme con Dios es dejar que sus dones afloren, descubrirlos y reconocerlos, cultivarlos para que den mejor fruto, y cuando Él nos llame ofrecérselos al servicio de su Reino.

En una vida de oración, la dificultad se interpreta como prueba y tentación. La prueba divina desconcierta siempre, suscita temores y resistencias, sugiere dudas y sospechas. Incluso, uno puede llegar a pensar que Dios pide algo aparentemente absurdo, superior a las propias fuerzas y más allá del sentido común. Así de incomprensible debió ser para Calasanz la actitud de su padre, y así de incomprensible nos pueden resultar algunas de las situaciones de nuestra vida.

Sin embargo, la prueba vivida pacientemente puede ser ocasión de sentir la presencia de Dios, porque Dios pide y a la vez da la fuerza para una respuesta aún más generosa y transparente.

Iniciamos un momento de oración:

Me recojo en silencio, atiendo mi respiración, pausada, prolongada. Es el aliento de Dios que circula por mi cuerpo y mi espíritu. Al tiempo! invoco al Espíritu Santo: ven, Espíritu divino… Ven, dulce huésped del alma… Manda tu luz desde el cielo…

Dejo que la mirada del Padre llegue hasta mi más profundo centro, le ruego: mírame con tus ojos puros, bondadosos… contempla tus dones en mi alma… háblame con tu exquisita ternura… silénciame para escucharte… llámame para seguirte… llámame para ofrecer tus dones… ilumíname para darte mi SI firme, fortaléceme en la fidelidad.

Señor, quiero vivir para ti…

Nos dejamos llevar por el canto:

Fiel a tu amistad CD 2