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Encuentros de Oración con Calasanz

Después de la publicación de las entradas de las alabanzas de la Corona de las Doce estrellas en dinámica oracional, iniciamos una nueva serie de publicaciones: siete encuentros orantes con la biografía de San José de Calasanz, como preparación a la fiesta de su Patrocinio.

De esta forma, en este tiempo sinodal en que la Iglesia nos sugiere cultivar el espíritu de oración, nos acercaremos a los acontecimientos fundamentales de su vida, como una palabra viva que Dios quiere encarnar en nosotros y en nuestros niños.

En nuestras presencias escolapias, la fiesta de San José de Calasanz es una oportunidad para dar a conocer, celebrar y agradecer la obra que el Espíritu Santo ha realizado en su persona para bien de sus pequeños.

El Espíritu Santo es el maestro interior. Calasanz dedicaba tiempo a invocarlo y escuchar sus inspiraciones. Su vida está guiada por la moción del Espíritu Santo. Siempre que volvemos a su biografía y sus escritos, encontramos una luz que nos guía en nuestro camino vocacional escolapio.

Nosotros le invocamos:

Ven, Espíritu Santo.

Ven, Espíritu Santo

Envíame tu luz.

Condúceme en tu bondad.

Canto: Espíritu Santo maestro.  CD 2

Las Constituciones de las Escuelas Pías en su primer punto dicen.“La familia religiosa Escolapia con actitud humildemente agradecida, se reconoce como obra de Dios y del afortunado atrevimiento y tesonera paciencia de San José de Calasanz”.

En actitud humilde, quienes  se sienten visitados por Dios en la persona de San José de Calasanz, agradecen la obra que Dios por medio de su Espíritu ha realizado en los grandes hitos de su historia.

Según sus biógrafos, José de Calasanz nació en 1556 en el seno de una familia numerosa en Peralta de la Sal. Sus padres, Pedro Calasanz y María Gastón le educaron en el temor de Dios, las buenas letras y le apartaban de las malas compañías. Su madre le enseñó algunas devociones, particularmente a la Virgen María. En este ambiente de piedad, nos resulta entrañable aquella anécdota evocada por uno de sus vecinos: «siendo yo su paisano y de su misma edad aproximadamente, se salió de casa y de la villa con un cuchillo o puñalito desenvainado en la mano”. Siendo así y preguntándole yo donde iba, me respondió: «quiero ir a matar al demonio, porque es enemigo de Dios”.

Nos resulta sobrecogedor contemplar las semillas que Dios Padre sembró en el corazón de Calasanz. Sus padres, en su vocación educadora, le transmitieron el amor a la virtud, a la oración, al trabajo, a la convivencia familiar…Le educaron en el temor de Dios, don del Espíritu Santo, que como escribirá el Santo años más tarde, «consiste en estar siempre muy atento para no hacer cosa alguna que sea ofensa a Dios «. En esta búsqueda recta de Dios y su voluntad encontró en la devoción a la Madre de Dios el consuelo y la fortaleza para identificarse plenamente con Jesús, su Hijo, en quien se vence las tentaciones del demonio.

Adentrarnos en la intimidad de aquel hogar de Peralta de la Sal nos suscita un humilde AGRADECIMIENTO a Dios Padre

  • Porque desde sus primeros años tuvo en sus padres unos auténticos educadores.
  • Porque bajo la guía del Espíritu Santo, el Temor de Dios le enseñó a elegir el bien y a rechazar el mal
  • Porque encontró en Santa María Virgen, la Madre y Educadora que le acompañó toda su vida.
  • Porque tuvo ya en la infancia el atrevimiento afortunado de luchar contra todo lo que nos aparta de Dios

Y un RUEGO

  • Por tantos padres y maestros, para que su vocación educadora se inspire en las obras y palabras de Jesús Maestro.
  • Por todos nuestros niños y jóvenes, para que abran su corazón al Espíritu Santo que les guiará según el temor de Dios en la búsqueda siempre del bien.
  • Para que María Virgen acompañe y proteja el crecimiento de cada niño y adolescente.
  • Para que nos conceda el afortunado atrevimiento de luchar contra lo que aparta del amor a Dios y a nuestro prójimo.

Mirar la infancia del niño José de Calasanz, quizás nos lleve también a recordar con cariño nuestra propia infancia, con sus luces y sombras, con sus ilusiones y decepciones. Despertar el niño que llevamos dentro. Agradecer la VIDA, a las personas que nos educaron en las actitudes y valores que hacen una vida dichosa;  las primeras oraciones que aprendimos con filial confianza; y el deseo de entregar nuestra vida  por Jesús.

Ahora, dejo que el silencio y el sosiego serenen mi espíritu.

Atiendo al ritmo de mi respiración, serena y pausadamente. Abro la puerta de mi corazón al Espíritu de Dios. Si Él entra, me mueve  al agradecimiento al Padre por Calasanz, por su infancia, por la mía, por mis padres, mis educadores, mis catequistas… Una y otra vez dejo que de mis labios surja el agradecimiento: GRACIAS, Padre…. gracias, Padre, por amarme tanto…. Gracias por amar mi pequeñez.

Y dejo que el canto me guíe en la oración: Tu amor en mi pequeñez CD 2