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Hace 6 años, en la fiesta del Inmaculado Corazón de María, iniciábamos nuestro blog.

En aquel entonces, “a Ella, Madre y Maestra de Jesús y de todos sus hijos, confiábamos la Oración Continua de nuestros niños y jóvenes. En aquel momento, nos movía la intuición de una inspiración que sentíamos venida del cielo, que nos impulsaba a escondernos en el corazón inmaculado, pobre, pequeño y humilde María Virgen, y siguiendo su magisterio, escuchar con sencillez la voz del Espíritu, y dejar que Él inspirara la Palabra a comunicar y compartir con los posibles lectores.

Durante estos años, hemos publicado unas 150 entradas aproximadamente, redactadas o grabadas robando el tiempo a nuestro descanso. A día de hoy, ha recibido 38.000 visitantes únicos, que han visitado unas 100.000 páginas, entre las que destacan las dedicadas a la Virgen María y a los encuentros de oración.

De esta forma, ha nacido una comunidad en torno a nuestro blog “recoger y derramar”, que sigue fielmente cada publicación y vuelve sobre reflexiones en las que ha encontrado luz y esperanza. Es cierto, que hemos mantenido encuentros en diversas presencias de nuestra Orden, con las Calasancias y las Escolapias en España y América.  Aunque resulta imposible mantener en la memoria el rostro de cada uno de los participantes, permanece muy vivo los lugares, las dinámicas, y de manera muy particular la belleza de los talleres de oración compartidos en cada lugar.

Después de este recorrido, podemos agradecer a María y a su Corazón Inmaculado, algunas de las gracias que de Ella hemos recibido, con la misma actitud con que San José de Calasanz quiso dar gloria a la Santa Trinidad por las gracias con que embelleció a Santa María:

1.La oración continua, tesoro de nuestra familia Calasancia. Así la describió nuestro P. General en el mensaje que nos dirigió al poco de iniciarse nuestro blog. Durante estos años, desprendidos de lo externo, hemos desentrañado bajo la guía de Espíritu, la riqueza y vitalidad que la oración de los niños nos aporta en nuestra vida escolar.

2.La confianza, alma de la oración que los niños nos contagian en su espontaneidad. El hombre moderno parece confiar excesivamente en sus esfuerzos para alcanzar sus proyectos y ser grato a Dios. Sin embargo, el encuentro con los niños nos abre a la confianza en la primacía y el protagonismo de la acción De Dios que nos acompaña con su paz y su presencia en los acontecimientos de nuestra vida.

3.La belleza de la atracción de la oración. Los niños encuentran en el trato con Jesús, en el simple estar con Él, una fuerza que arrastra su atención y les mueve a una identificación de todo corazón con Jesús. La oración no es una experiencia a imponer a presión o por proselitismo, sino que se trata de algo que encuentra un niño que le empuja a permanecer con gusto junto a Jesús.

4. La invocación del Nombre de Jesús. En una sociedad tan dispersa en los muchos dispositivos electrónicos, nos sorprende la autoridad del santo Nombre de Jesús, que, invocado pausadamente al ritmo de la respiración, tiene la capacidad de acallar y pacificar el interior de niños y educadores, convirtiendo la oración en un espacio de paz y serenidad.

5.La simplicidad de corazón. En algunas ocasiones, los adultos proyectamos múltiples actividades que distraen y entretienen la atención de los niños. Sin embargo, en la oración, los mismos niños nos guían hacia una oración muy simple, hecha de pocas palabras, con muy pocas imágenes y dibujos que mueven a una relación cordial con el misterio De Dios.

6. La belleza de la Palabra De Dios, de forma particular el Evangelio. Resulta conmovedor percibir el aprecio que los niños muestran hacia la Palabra De Dios. Escucharla, acogerla, entenderla, memorizarla, repetirla…. lleva a guardarla en el corazón y con la Palabra, la misma presencia de Jesús.

7.La comunidad. Nuestros niños participan juntos en los encuentros de oración. Es un momento en que el grupo del salón de clase se transforma en comunidad cristiana que desde la Palabra y la oración se abre también a la presencia de los hermanos / compañeros, dejando que la Palabra y la presencia de Jesús ayuden a renovar las relaciones entre los mismos estudiantes.

8.La intercesión por las necesidades de nuestro mundo. Los niños escuchan en sus familias muchas noticias de las situaciones alarmantes que se viven en nuestro mundo. Con mucha confianza, ruegan a Dios por tantas personas que viven situaciones de exclusión, violencia, necesidad. La presencia de Jesús nos mueve a esa generosidad que dirige nuestra mirada hacia las personas más necesitadas en la convicción de que Dios los ama entrañablemente y desea hacerles llegar también la bendición y la presencia De Dios.

9.La presencia y protección de María Virgen. Resulta muy hermoso que las entradas del blog dedicadas a la Virgen María son las más visitadas. Todo ello, nos habla de nuestra propia identidad carismática. En Ella, tenemos la inspiración de nuestro ser y obrar. Los niños se dirigen a Ella con gran confianza y sencillez. Ella es alma de la Oración Continua desde sus inicios.

El Papa Francisco celebró el pasado 25 y 26 de mayo la primera jornada mundial de los niños. En su convocatoria dejo escrito: “Y ahora quiero confiarles un secreto importante: para ser realmente felices es necesario rezar, rezar mucho, todos los días, porque la oración nos conecta directamente con Dios, nos llena el corazón de luz y de calor y nos ayuda a hacer todo con confianza y serenidad.” Nuestra experiencia de oración continua sintoniza plenamente con estas palabras del Papa que en este año preparatorio al gran Sínodo del 2025 nos exhorta a intensificar nuestra vida de oración. Desde nuestro blog recoger y derramar, daremos la palabra al testimonio de algunos de nuestros niños que nos eduquen en la vida de oración con corazón de niño.

Y os proponemos, concluir con la misma oración de Papa Francisco para la Jornada mundial de los niños:

Ven, Espíritu Santo,
muéstranos tu belleza
que se refleja en los rostros
de las niñas y los niños de la tierra.
Ven, Jesús,
que haces nuevas todas las cosas,
que eres el camino que nos conduce al Padre,
ven y quédate con nosotros.
Amén.

Unidos en la oración.