
Desde hace algún tiempo, los escolapios de Venezuela solicitaron una formación en Oración Continua. Por fin, hemos dado respuesta a su petición con una visita del 5 al 22 de enero, a todas sus presencias, siguiendo la indicación del P. Juan Alfonso, Provincial de Centroamérica-Caribe. Más allá de nuestra propuesta formativa, ha sido una oportunidad para conocer la realidad y vivir la fraternidad de las Escuelas Pías en este bello país: Caracas, Valencia, Barquisimeto, Carora y Maracaibo. En cada lugar, se atiende a estudiantes provenientes en su mayoría de contextos sociales populares, integrando parroquia, colegio, educación formal y no formal, obras sociales, desde un impulso muy vivo de la pastoral.
En cada obra, el encuentro con los religiosos ha sido una ocasión para vivenciar la cercanía, acogida, fraternidad y trasparencia en la oración y la convivencia. Con los laicos, de forma particular, las directoras y las personas vinculadas a nuestra espiritualidad y misión apostólica, han sido un testimonio de entrega abnegada para que el espíritu de Calasanz llegue a nuestros niños y jóvenes:
En Caracas, el P. Melvin, en su cordial acogida; el P. José Miguel Suleiman, que ama entrañablemente la oración continua y que, como aquellos primeros escolapios guiaban a los niños hasta sus casas, ha acompañado la visita a todos los lugares, siempre pendiente hasta el detalle más insignificante para que las deficiencias de éste que escribe quedaran más disimuladas; Fran, un joven que inicia su camino vocacional en las Escuelas Pías, y Marirrosa, directora del colegio que facilitó los tiempos de formación y coordinó muy certeramente a todas las directoras de los colegios del país.
En Valencia, una presencia con un colegio en el norte y una obra social en el sur con su colegio, parroquia y otros muchos servicios sociales. El P. Jesús Marí, siempre atento a nuestra presencia; el P. Jesús Pérez, un enamorado ardiente de la oración y de su educación en los niños, siempre apoyando nuestra formación; el P. Junior, siempre cordial y jovial en el trato, que nos mostró la obra social, participó con interés en la formación, y nos prestó el impagable servicio de llevarnos hasta Barquisimeto y Carora; y el P. Lenin; Yanet y Joseline, directoras de los colegios del norte y del sur respectivamente que facilitaron la formación, y las maestras que participaron en los encuentros compartiendo experiencias muy bellas de oración con los estudiantes.
En Barquisimeto, el P. Luis Alberto y el P. Freddy nos ofrecieron una entrañable acogida, donde participamos en la iniciación del noviciado de Andrés y Alejandro. Al día siguiente, visitamos el barrio del Trompillo, extremadamente sencillo y popular, donde los escolapios atienden la parroquia “María, Madre de Dios”, y un liceo cuya última planta todavía está en construcción por falta de recursos. En medio de tanta pobreza, conmueve la presencia de un Dios que mantiene viva la esperanza de que algún día, se abran aulas de E. Primaria, donde se eduque a los niños en el espíritu de la Oración Continua. Así, que, si en algún momento sentís que el Espíritu Santo os mueve a hacer un donativo para niños en situación de exclusión social, hacedla llegar, por favor, a los escolapios del Trompillo.
Por la tarde, visitamos la marcha que se realiza en la ciudad acompañando a la Divina Pastora, desde la iglesia de Santa Rosa hasta la Catedral, en un mar de devoción y amor a la Virgen de miles y miles de personas. Una vez más, confié a la Divina Pastora, “Nuestra Oración Continua, hoy”. Ella que nos ha acompañado de cerca en todas las visitas a los colegios de nuestras hermanas Calasancias, de nuevo salía a nuestro encuentro insinuándonos el horizonte de nuestra oración escolapia: “…que, unidos en comunión, alabemos a Dios.” (C 40).
En Carora, nos esperaban el P. Javier Alonso, el P. Giorgio y el P. Injonito Jerry, junto con los laicos de la Fraternidad, particularmente Alexis y Yelitza, Anita y Nelly, con quienes compartimos la oración cada mañana; y Carmen, directora del colegio muy agradecida e identificada con la oración continua y su formación. Atienden la parroquia San José de Calasanz y el colegio Cristo Rey. En los encuentros de formación se respiraba un amor entrañable por la oración continua y su vivencia entre los niños. Compartimos experiencias y nuevos horizontes que poco a poco darán sus mejores frutos. La visita a los sectores, con las personas que allí viven la fe y el carisma calasancio en la entrega a los centros culturales, la catequesis, la oración, desde una sencillez tan franciscana, nos dejó sabor a Evangelio, desnudez de lo superfluo y amor a la Verdad.
De allí, Alexis nos llevó a Maracaibo en una vía que exigía la vigilancia de las vírgenes prudentes para no quedar averiados. Allí nos esperaban el P. Óscar García, y el P. Jesús Vasquez, y Geraldine, directora del colegio, Jomar, coordinador de pastoral, y Naudy, responsable de la oración continua. En una ciudad en la que se sienten tantas restricciones y dificultades por parte del gobierno, resulta ejemplar la fortaleza y vitalidad evangélica de colegio, particularmente del equipo de pastoral, y de la parroquia con tantos grupos de niños, jóvenes, vocacionales y adultos que viven la oración con auténtico espíritu evangélico bajo la atención pastoral del P. Jesús.
Agradezco de corazón a tantas personas su cercanía y cordialidad. Unas quedan nombradas y reconocidas en mi memoria; otras, quedan en el anonimato. Pero, resulta muy gratificante sentir en todos tanta ilusión en llevar el espíritu de la oración a nuestras obras educativas, y a nuestras parroquias.
Para concluir, les propongo dedicar unos minutos a la oración. Les sugiero que miren con atención la fotografía que encabeza nuestra entrada: la imagen que preside el presbiterio de nuestra parroquia san José de Calasanz en Valencia (Venezuela). La silueta de Calasanz con los niños se integra en un cáliz entre racimos y uvas. Es una elocuente metáfora de las Escuelas Pías de Venezuela: llevan su ser escolapio en una dinámica de gozosa donación oblativa, arraigada en la comunión eucarística, a favor de cada niño necesitado que sale a su encuentro.
Guarda silencio. recógete en tu interior. Invoca al Espíritu Santo. Agradece e intercede:
Jesús… Jesús… Jesús
Gracias por tu bondad.
Gracias, por la comunión en la fe.
Gracias, por el carisma escolapio.
Jesús, compadécete de los niños venezolanos.
Jesús, sana sus heridas.
Jesús, derrama en ellos tu compasión.
Jesús, cólmalos de tu bendición.
Nos dejamos acompañar por el canto: Alabad, niños, al Señor.


































