Amanece un día especial, lleno de luz, alegría y confianza, grabado en nuestros corazones: la fiesta de san José de Calasanz. Él siempre acompaña a las Escuelas Pías, con el cariño de un Padre y el cayado de un pastor bueno. Su experiencia es inspiración hoy para todos los que se sienten hijos suyos.
Ahora, en este tiempo que nos permitimos para la oración, en un día ajetreado en los muchos preparativos, pido al Señor que me descalce, que aparte de alguna manera cuanto me separa de Él. Moisés ante aquella sencilla zarza que ardía sin consumirse, escuchó la voz de Dios que hablaba en su corazón. Toda oración auténtica recoge nuestro corazón ante un Dios que quiere hablar a nuestra intimidad para que ofrezcamos respuesta de vida y esperanza. Os proponemos que, así como Moisés quedó cautivado por aquella zarza ardiente, imagen viva de Dios, detengamos nuestra mirada ante la imagen de las sandalias que llevó Calasanz. Ellas son como una imagen del carisma que él recibió de Dios, y que nosotros nos sentimos llamados a vivir en nuestro hoy en los diferentes lugares donde acompañamos a nuestros niños y jóvenes. Ellas nos hablan de Evangelio, en su rudeza y tosquedad, de desnudez en su apertura a nuevos caminos, de vitalidad apostólica en el seguimiento de Jesús. (CC 159; Capítulo General, 2003). Tocan nuestro corazón en su autenticidad, libres de los engaños de la mundanidad. Las miramos con atención. Pregúntate: ¿Qué te mueven por dentro? ¿A qué sientes que te llaman? ¿A dónde y con quién te llevan?
Invocamos a Jesús:
Ven, Señor Jesús.
Hazme instrumento de tu amor.
Jesús, quiero llevarte a los pequeños, a los pobres, a mis hermanos
Canto: Hazme testigo de tu amor. CD 1, 19
Hazme testigo de tu amor, quiero amarte y hablar d Ti.
- Las sandalias nos insinúan movilidad. Para conseguirla con presteza es imprescindible una buena estabilidad, porque cualquier irregularidad del terreno nos puede desequilibrar. Sin un buen punto de apoyo, no es posible avanzar. Si recordamos la vida de Calasanz, el Espíritu Santo le ha acompañado desde un punto de apoyo mal orientado, su anhelo de prebendas eclesiásticas, al encuentro personal con Jesús, en el encuentro con los niños desamparados de Roma. El Espíritu divino, a través de los pequeños, le ha vaciado de sus ansias de prestigio y poder hasta dejarlo pobre y humilde ante la persona del Resucitado. Entonces, ha iniciado un nuevo camino, apoyado en Cristo, la piedra angular. Cada vez que dejamos protagonismo a los niños en nuestra vida, cuando compartimos vida con ellos, les escuchamos, oramos a su ritmo, ellos nos llevan a lo esencial: el encuentro con Jesús que nos vacía de lo nuestro, y nos dilata el alma para reorientarnos hacia el Evangelio.
- Unas sandalias esperan unos pies que las dinamicen y las pongan en movimiento. No pueden dejarnos parados, encerrados en una oficina ante un ordenador, en una gestión que nos aleja del tú a tú con las personas, con los niños. El encuentro con Cristo mueve al anuncio, a salir al encuentro del niño y del joven para acompañarles en su camino de crecimiento personal, en el encuentro sanador con las propias heridas y en el bálsamo de la ternura de Dios, en la alegría orante de quien ve la belleza de Dios en la creación, en la bondad, la inocencia, la fraternidad de tantos pequeños y empobrecidos. La creatividad de la encarnación nos impulsa al diálogo que comparte la vida, las inquietudes, los fracasos en la confianza del Dios que se hizo niño y pobre por todos nosotros. El encuentro con el otro no puede suplirse con el corta y pega de ideas copiadas de aquí y de allá.
- Un apóstol, calzados de sandalias y Evangelio, está preparado para partir. Después de la celebración de los Capítulos en nuestra Orden, muchos escolapios se han visto en la tesitura de asumir nuevas responsabilidades o dejarlas, cambiar de casa e incluso de Demarcación. El Señor actúa de forma sorprendente. Descalza nuestro corazón de esquemas y seguridades para abrirnos a las sorpresas de Dios, que no está encapsulado en el “siempre se ha hecho así”. A Dios le atrae el cambio, la novedad, el asombro. Él sabe de nuestra limitación. Es un buen amigo, que siempre acompaña y cuando sintamos la fuerza de la debilidad, Él nos espera en el silencio de la oración y el recogimiento. Dios descalzó a Calasanz de sus maneras de vivir y entender hasta que su corazón fue todo de Dios. Así quiere hacer con cada uno de nosotros, para que seamos bendición de Dios para cada niño que sale a nuestro encuentro.
MUSICA INSTRUMENTAL
Jesús en la sinagoga de Nazaret, proclamó el pasaje del profeta Isaías: “El Espíritu del señor está sobre mí, porque él me ha ungido, me ha enviado a proclamar la Buena Noticia a los pobres.” Jesús también me entrega su Espíritu para que lleve su Buena Noticia a los niños. Sé que, para anunciarle, necesito calzarme sus sandalias, toscas y rudas, con sabor a pobreza, humildad, vacío de sí, cercanía, Evangelio. Sé que me atrae mucho la rutina, la comodidad, la repetición de proyectos. Mi corazón anda inquieto, me distraigo, me dispersan muchas inquietudes. Siento temor ante la novedad, las sorpresas del Dios. Pero hoy quiero confiar en Jesús, como hacía Calasanz, con corazón de niño. Guardo silencio. Sin prisa, me dejo en su corazón. Él me mira con amor, está en mí, conoce mis gozos y desvalimientos. Le ruego que venga a mi vida, a mis nuevas tareas y responsabilidades, a mi comunidad, a mis alumnos, mi Demarcación, nuestras Escuelas Pías, a la Familia Calasancia. Deseo que todos nos calcemos de su Espíritu, de sus modos y maneras de encarnar el Evangelio. Ante Él, recuerdo los nombres, los rostros de las personas que forman parte de mi presente escolapio: mis hermanos de comunidad, mis alumnos, mis chavales del grupo Calasanz. Le invocamos:
Ven, Espíritu Santo… Ven, Espíritu Santo.
Jesús, vacíame de lo mío…
Jesús, cálzame de tu Evangelio…
Jesús, muéveme a llevarte a los pequeños…
Jesús, sostenme en el anuncio…
Jesús, inspírame palabras de aliento, …de consuelo… de esperanza…
Canto: Jesús nos llama a ser discípulos. CD 3, 7
Jesús, Tú me llamas a ir contigo, quiero conocerte y amarte,
Jesús, Tú me llamas a ir contigo, quiero conocerte y amarte, estar contigo, escuchar tus palabras, guardarlas en el corazón y anunciar tu amor.
