En los inicios de nuestra Oración Continua, tuvimos la dicha de encontrarnos providencialmente con D. Javier Salinas, entonces obispo auxiliar de Valencia (España).
Desde aquel momento, hemos compartido muchos encuentros con él, ha participado en diversos encuentros de oración continua con alumnos de nuestro colegio, nos ha acompañado en las peregrinaciones a la basílica de la Virgen de Desamparados, y nos ha orientado en la elaboración de materiales al servicio de la oración de los niños en comunión con la iglesia.
Hace unas semanas, vivimos un último encuentro con él, en su nueva condición de emérito, en la intimidad de nuestra comunidad religiosa. Compartimos la eucaristía y la cena en la sencillez característica de nuestra vida escolapia. A la luz de la Palabra De Dios, fue una ocasión para abrirnos a la acción de la gracia de Dios, al modo de Abraham, en los nuevos escenarios a los que el Señor nos envía para llevar el espíritu y la práctica de la oración continua a nuestros niños. Fue una bonita oportunidad para recordar y agradecer algunas de las convicciones que nos han acompañado en estos años:
- La escuela católica: una oportunidad para promover el crecimiento cristiano desde los principios del Evangelio. La vida diaria escolar favorece no solo la transmisión de unos conocimientos sino el valor del respeto en la vida compartida. Además, facilita el conocimiento de Jesús, la escucha de su Palabra adaptada a la edad de los niños, y sobre todo la oración en el diálogo con Jesús.
- La oración en el centro de la escuela cristiana. En el mundo de hoy, escuchamos el reclamo de una vida de interioridad en los procesos educativos. Sin embargo, desde la propuesta de S. José de Calasanz, esa vida interior tiene su centro en el conocimiento y el encuentro con Jesucristo. No es una espiritualidad plana o vacía de Dios, sino que hace de la persona de Jesús, como se nos manifiesta en el Evangelio, el alma de toda oración. Resulta muy sugerente la integración que S. José de Calasanz deseó entre el aprendizaje de las letras con una vida de piedad y relación con Dios y de compasión con las personas.
- En la oración continua de las Escuelas Pías llama la atención su aspiración de hacer del ritmo ordinario de la vida del aula una oportunidad para la oración. ¡Cuánto bien nos hace la oración, descansar en el señor y la Virgen maría nuestros anhelos y dificultades! Resulta sugerente el protagonismo del educador en la comunicación con sus alumnos a partir de los acontecimientos de la vida, la centralidad de la Palabra de Dios, explicada y adaptada a la vida de los niños, el momento de oración en una capilla bellamente ornamentada en la sencillez de imágenes que nos llevan a lo esencial. Es una oración que facilita un encuentro auténtico con el Señor Jesús en todas las dimensiones: alabanza, petición, recogimiento… Nos lleva a lo esencial.
- Una oración en comunión con la Iglesia al servicio de su crecimiento. Hemos recibido la fe en la Iglesia. Formamos parte del pueblo de Dios. No oramos nunca solos, siempre en comunión con toda la comunidad cristiana. Cuando el Espíritu Santo impulsa una novedad en la vida de la Iglesia, en este caso de una Orden religiosa, que puede ayudar a otros cristianos a una relación viva con Dios, la Iglesia la aprueba y desea impulsarla en la diversidad de experiencias que suscita la gracia de Dios. Por eso, es tan valioso que la Oración Continua ayude a nuestros niños a una relación viva con Dios que alcance su madurez en la participación de los sacramentos de iniciación, de forma especial la Eucaristía.
Le agradecemos a D. Javier Salinas su cercanía pastoral en nuestra Oración Continua, en el deseo de que el Señor le colme de sus bendiciones.





