Alabado sea el Hijo de Dios que en su seno se encarnó y en él permaneció nueve meses
María, madre de Jesús, me entrego a Ti, acógeme.
Durante la jornada escolar son muchas las actividades que el educador propone a sus alumnos para que logren sus objetivos. Entre ellas, moldear plastilina o arcilla les resulta especialmente atractiva. Con la habilidad de sus dedos dan forma a una masa inerme, dejan su huella en la obra que plasman, y se sienten felices de crear por sí mismos, esperando el beneplácito de su formador.
El obrar de los niños con la arcilla se asemeja a la acción de Dios, y nos recuerda la obra creadora del Padre, que “ modeló al hombre del polvo del suelo, e insufló en su nariz aliento de vida (Gn 2,7). Y de entre todas sus criaturas se fijó en María de Nazaret para enviarnos a su amado Hijo. En Ella, modeló un ser humano único y pleno, en la sencillez y simplicidad de quien es capaz de acoger siempre a Dios.
“Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial.”, (Gal 4,4) nos dejó escrito el apóstol, san Pablo.
Para el pueblo elegido, la plenitud de los tiempos no era la época en la que Israel había sido invadido por el Imperio romano. Desde la mirada de la Trinidad, era el momento propicio para que Dios y el hombre se encontraran desde una mirada nueva: sin mentiras, ni apariencias, sin doblez ni manipulación…
En su Encarnación, Madre e Hijo se comunican en la transparencia y la verdad; en la inocencia y la rectitud; en la confianza y el abandono, que crecerá en lo cotidiano y alcanzará su plenitud en la cruz y la resurrección. Desde su concepción, nace una comunicación viva en el dar y recibir. María le ofrece su cuerpo, le da lo que él necesita para ser hombre, a la vez que recibe en sobreabundancia lo que Él le regala. Él hace de Ella la vasija en la que derramar su vida divina, y la Madre recoge con humildad y agradecimiento el fruto del Hijo.
Los dones que la Madre ha recibido no se agotan en Ella, tienen una misión más amplia: donarse y expandirse fecundamente a favor de toda la humanidad, cualidad cristiana por excelencia. María nada guarda para sí, como vimos en la visita a su prima Isabel, ofrece lo que ha recibido. El don de Dios está destinado a difundirse principalmente entre los niños y los pobres. El encuentro entre Madre e Hijo es un camino abierto para todo el que aprende de la Madre a entregarse al Hijo.
“El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado.” (GS 22), nos transmite la enseñanza de la iglesia.
¡Qué hermoso dejarnos asombrar por este misterio: Dios ha entrado en nuestro tiempo, en nuestras personas para comunicarnos su propia vida!
El Hijo de Dios se ha unido contigo, con cada persona que sale a su encuentro, con cada niño que se te ha confiado. En Jesús de Nazaret, el Dios hecho carne, te abraza y se une a ti en tu realidad concreta, en la situación que vives, para encontrarse contigo en la verdad de tus cualidades y de tus limitaciones, para abrirte a más vida, la suya.
ORACIÓN
María ha acogido en su seno al Hijo de Dios. Allí ha permanecido nueve meses, recogido allí como en un sagrario humano. María, dialogó con su Hijo desde su gestación, lo escuchó con atención amorosa. Hoy te lo entrega a ti, para que te unas con Él, para que dialogues con Él, para que le cuentes tus inquietudes y le escuches en las inspiraciones que te mueven por dentro.
Guarda silencio. Recógete en tu interior. Allí también mora el Hijo de Dios. Viene a curarte de todo lo que te separa de Dios. Unidos a Él, también puedes llamar a Dios con el nombre de “Abba, Padre”, y sentirte verdaderamente hijos suyo.
Llámale sin prisa.
Jesús… Jesús… Jesús
Gracias por tu encarnación
Gracias porque te has hecho hombre
Gracias porque compartes mis alegrías y tristezas
Gracias porque compartes mis ilusiones y decepciones
Gracias porque permaneces en mí.
Jesús, quiero unirme contigo, escuchar tu Palabra, hacer tu Voluntad.
Hago memoria de los niños no nacidos y los encomiendo a Jesús… a María
Virgen de Chiquinquirá, patrona de Colombia, ruega por nosotros
María, madre de Jesús, me entrego a Ti, acógeme.
