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Alabanza a la Trinidad. María, prefecta de la Oración Continua.

Niño. Alabemos y demos gracias a la Santa Trinidad que nos mostró a la Virgen María, vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una misteriosa corona de 12 estrellas sobre su cabeza.

En la organización de la escuela calasancia, dos oficios tenían una importancia particular en el cultivo del trato o amistad con Dios: el confesor y el prefecto de la OC.

Del confesor dejó escrito Calasanz en sus constituciones: “con su mucho cariño y benevolencia logre que los muchachos se sientan seducidos por Dios y lo respeten como a su verdadero Padre” (N.193).

Del prefecto de la OC se dirá qué “enseñará el modo de prepararse a los sacramentos de la confesión y la eucaristía, y un modo sencillo y asequible de oración; Y otros temas adaptados a su capacidad” (N.194)

Confesor y prefecto, tenían la misión de “adaptar” a la maduración de los niños el cariño y la benevolencia de la paternidad divina, encarnándolos en las circunstancias propias de cada pupilo.

En el camino recorrido de la OC hoy, consciente de nuestras muchas limitaciones para encaminar y alentar el espíritu de nuestra OC en nuestros niños, nos confiamos a Santa María Virgen, madre y educadora de Jesús. Si nuestra orden fue fundada bajo su protección también hemos querido dejar bajo su manto el protagonismo de nuestra OC.

Prefecto es alguien que está a la “cabeza” para una misión concreta. La Santa Trinidad nos entrega a la Virgen María como protectora de nuestra OC, porque Ella recoge en su inmaculado corazón el amor del Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo, y derrama su cariño y ternura de madre como un canal abundante de gracias.

La Virgen de las Escuelas Pías, coronada de 12 estrellas, nos cuida con la ternura de una madre y nos protege con la autoridad de una reina. Nos ilumina en la entrega y progresiva adhesión a su hijo en la palabra escuchada, acogida y orada; y en la Eucaristía, celebrada y adorada con corazón de niño.

En silencio, recogemos nuestros sentidos, nuestra atención. La Oración es siempre un camino abrupto y pedregoso para quien pretenda recorrerlo por sí mismo, pero llano y suave para quien se deja conducir humildemente por la gracia.

En silencio, recogemos nuestros sentidos, nuestra atención. María educadora, nos enseña el camino, nos lleva de la mano, nos señala al cielo, a la eternidad, a la Trinidad.

María, tú eres la ESTRELLA de la Trinidad,

            Ilumina nuestras sombras.

María, en tu corazón está la PAZ,

            Pacifica nuestras inquietudes en la confianza del Padre

María, tú conservas todo en tu corazón inmaculado, como el de tu Hijo

            Confíanos la sabiduría del corazón, con la gracia del Espíritu.

María, PREFECTA de nuestra OC,

            Ampáranos, protégenos, inspíranos.

            Enséñanos a orar.

Canto: Alabad niños al Señor

Alabad niños del Señor,

alabad el nombre del Señor.

Alabad niños del Señor,

alabad el nombre del Señor.