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Junto con los niños alabamos al Padre, porque ha elegido a Santa María como Hija, y la enriqueció con todas sus gracias; al Hijo de Dios, porque la eligió como Madre que junto a San José le alimentó, cuidó y educó para redimir a toda la humanidad; y al Espíritu Santo porque la eligió como Esposa, que la convirtió en Templo de la Santa Trinidad.

Sigamos el camino de la Virgen María y de Ella aprendamos la confianza, donación y comunión que sólo se viven en el corazón de Dios.