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RETIRO DE ADVIENTO. Oración Continua. MEDITACIÓN 2.

 

PARA PROFUNDIZAR

0. Escucha de nuevo la reflexión. Fíjate en las expresiones que te llaman la atención. ¿Qué te sugieren?

1. Vivir desde el seno de María. Después de la anunciación, María vive pendiente de su seno, donde paulatinamente se va gestando el Hijo de Dios encarnado. Ella lo percibe, siente su presencia, le escucha… En el adviento, Dios anuncia de nuevo su encarnación, su venida a la vida de las personas.

  • ¿Qué percibes en tu interior?
  • ¿Eres capaz de escuchar a Dios, en todo lo humano que vives?
  • ¿Cómo favorecer aquellas dinámicas que despiertan la atención y vigilancia a la presencia de Dios?

2. María fue una adoradora del Misterio de Dios en su cuerpo y espíritu. Adorar es algo muy sencillo. Basta con escuchar y guardar alguna Palabra, dedicar tiempo a estar junto a Dios, mirarle, invocarle con muy pocas palabras…

  • ¿Encuentras un poco tiempo para dedicarlo a Dios?
  • ¿Cómo percibes a Dios en tu oración?
  • ¿Qué sentimientos predominan en tu relación íntima con Dios?
  • ¿Dejas que tu corazón se exprese con espontaneidad y naturalidad ante Dios?

3. Ante la presencia de María, Isabel exclama: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno”.

“La oración de bendición es la respuesta del hombre a los dones de Dios: porque Dios bendice, el corazón del hombre puede bendecir a su vez a Aquel que es la fuente de toda bendición.” (CIC 2626)

  • ¿Te sientes visitado/a por María Virgen?
  • ¿En qué situaciones y momentos de tu vida su presencia te ha traído los dones y frutos del Espíritu Santo ?
  • ¿Cómo vives la bendición y la queja? ¿Cómo hacer de esta N
  • avidad una oportunidad nueva para la bendición con los niños y jóvenes, con los compañeros de trabajo, con los hermanos de comunidad, con la familia…?

 

PARA LA ORACIÓN

0. Nos disponemos.

En estos días previos a la Navidad, le reservamos un lugar privilegiado a María: una imagen, un icono, un estampa en nuestra casa, nuestra habitación…

1. María conserva todo en su corazón.

Déjate llevar por el silencio, la quietud, la serenidad. Atiende a tu respiración pausada, siéntela. Deja que emerja todo lo que habita en tu corazón: sentimientos, recuerdos, inquietudes, deseos, ilusiones, decepciones…

2. María después de su encuentro con Isabel, entonó su canto de alabanza: el Magnificat. (Lc 1, 46-55).

Léelo fijándote en cada expresión. Elige aquella que te resulte más sugerente. Repítela sin prisa, dejando que llegue hasta tu corazón.

3. Jesús bendecía a los niños. Hacerse como niño es camino para entrar en el Reino de Dios y para acoger la bendición de Dios sobre nuestras vidas. Mucho tiempo atrás,  Moisés entregó a su pueblo la bendición que recibió de Dios:

El Señor te bendiga y te proteja

ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor;

el Señor se fije en ti y te conceda la paz. (Num 6, 22-27)

 

Ahora con confianza, recuerda a cada persona para la que deseas esta bendición de Dios. Recítala pensando en ella.

Para terminar, me dejo llevar de la siguiente oración de la liturgia del III domingo de adviento:

 

Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe

la fiesta del nacimiento de tu Hijo;

concédenos llegar a la Navidad,

fiesta de gozo y salvación,

y celebrarla con gozo desbordante.