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El silencio y la oración nos llenan de vida, y de la misma manera, ésta se ilumina cuando nos abrimos a un tiempo y un espacio para el encuentro con Dios.

La vida está muy llena de actividades. Nos resulta difícil disponer de tiempo para Dios. Hay siempre tanto que hacer…

Sin embargo, cuando nos fijamos en los niños, vemos que siempre tienen tiempo y motivación para el encuentro, el diálogo, para compartir propuestas y actividades en la ilusión de sentir la vida y el abrazo que devuelve al amor, a la paz de espíritu, a la quietud del alma.

Leemos en el libro de los Proverbios (9,4-5):

Si alguno es simple, que venga a mí.

Y al falto de juicio le dice:

Venid y comed de mi pan

bebed el vino que he mezclado”

 

Déjate cautivar por la ciencia de los simples, de los pequeños de Dios. Ellos lo dejan todo para irse con Jesús, aún cuando los grandes les riñen. El camino de la sabiduría, en palabras de san José de Calasanz, es hacerse necio a los ojos de los hombres, dejándose llevar como un asnillo. (EP 130)

Déjate conducir por Dios, por su Espíritu. Deja que entre en tu intimidad y Él te dará el alimento que sacia tu hambre de plenitud, de eternidad. Le invocamos:

Ven, Espíritu Santo.

Escucha mi oración…

Acalla y modera mis deseos…

Tú eres mi esperanza, mi verdadero anhelo…

CANTO: Espíritu Santo Maestro

El Espíritu Santo que el Padre,

enviará en mi nombre,

os lo enseñará todo.

Mira con atención el dibujo que encabeza nuestra entrada: los personajes, sus rostros y actitudes. Guarda silencio. Atiende a tu respiración pausada, silenciosa. Deja que te hable la imagen.

¿Con qué personajes te sientes más identificado? ¿Por qué?

Ahora céntrate en Jesús, ¿A quiénes atiende?

Si te dejas atrapar por el dibujo, la experiencia de la infancia cautivará tu atención. Este espacio de oración es una oportunidad para rememorar tu propia infancia, tus padres y educadores, tus amigos, las personas que te hicieron sentir felicidad, alegría, esperanza… Los educadores que dejaron huella en tu vida, de sus aprendizajes vitales. Doy gracias a Dios por mi infancia… (silencio)

Además, contemplar a aquellos niños junto a Jesús, también eleva nuestra atención a nuestros niños: en la familia, en las aulas, en los grupos… Ellos nos llevan de la mano hasta Jesús. Con ellos, aprendemos a dejar nuestras preocupaciones e inquietudes, a vaciarnos de nosotros mismos, para ir presurosos hasta Jesús y escuchar de sus labios: “Dejad que los vengan a mí, no se lo impidáis de los que son como ellos es mi Reino.”

Jesús, dame un corazón de niño…

CANTO. Dejad que los niños vengan a mi

 

Jesús, hoy vengo a Ti,

Tú me recibes con ternura y compasión.

Abrázame y bendíceme. Yo te amo, confío en Ti.

Tú eres el amigo de los niños.

Es una gran alegría escuchar la llamada de Jesús a ir junto con Él.

Cuando los mayores se escuchan a sí mismos, piensan que lo niños molestan y distraen a Jesús que no puede ni debe perder su tiempo con los niños. Sin embargo, cuando los mayores aman a los niños y aprenden de ellos: escuchan a Jesús, le aman, le miran con corazón de niño, se alegran de estar tiempo con Él, confían en Él y se hacen sus amigos.

San José de Calasanz aprendió mucho de los niños. Le enseñaron a confiar en Jesús, a acudir a Él e invocarlo muchas veces. Él lo dijo de una forma muy hermosa:

“…Quien llegue a esta práctica de saberse mantener como un niño de dos años, que sin ayuda cae muchas veces, desconfiará de sí mismo e invocará siempre la ayuda de Dios”. (EP 912)

Jesús abrazaba con gran ternura y compasión a los niños, los bendecía, imponiéndoles las manos. No le importaba dedicarles tiempo. Ahora, Jesús también quiere dedicarte su tiempo. Sólo te pide que guardes silencio, atiendas tu respiración. Descubre su presencia en ti, silenciosa, amorosa, siempre Él tan cerca de ti. Desea que desconfíes de ti mismo e invoques siempre su ayuda. Le decimos:

Jesús, vengo a ti… Escucho tu llamada…

Jesús, recíbeme…

Jesús, acógeme con ternura y compasión…

Jesús abrázame…

Jesús bendíceme…

Jesús, yo te amo…

Confío en Ti…

Quiero ser tu amigo…

Dame un corazón de niño como el tuyo…

CANTO. Dejad que los niños vengan a mi

 

Jesús, hoy vengo a Ti,

Tú me recibes con ternura y compasión.

Abrázame y bendíceme. Yo te amo, confío en Ti.

Tú eres el amigo de los niños.

 

De la carpeta 6: Permanecer con Jesús

Encuentro de oración 7: Dejad que los niños vengan a mi