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Acoger y vivir la verdad que se manifestó en Cristo, significa dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos trasmite de generación en generación, nos dice el Papa Francisco en su mensaje de Cuaresma. La soledad y el silencio son como esa medida de levadura capaz de fermentar la masa de nuestra vida.

En estos días de Cuaresma, la escucha de la Palabra de Dios nos libera de todo lo accesorio para centrar nuestra atención en el sólido fundamento de una vida con horizonte.

En silencio, atendemos nuestra respiración, acallamos nuestras voces interiores.

CANTO: SIEMBRA EN MI UN CORAZÓN ORANTE

Jesús, después de anunciar a sus discípulos su muerte y de llamarles a seguirle, negándose a sí mismos y cargando con su cruz, tomó a Pedro, Santiago y Juan; los llevó a ellos solos a una montaña, y se trasfiguró.

La vida de los hombres también se encuentra en el sin sentido del fracaso, la enfermedad, la cruz. Muchas voces gritan, pretendiendo anestesiar el dolor y el sufrimiento. Sin embargo, Jesús no nos abandona, nos mira con ternura, sabe de nuestros desánimos, se compadece de cada persona, entabla un diálogo de corazón a corazón, como si fuéramos únicos para Él. En esa soledad tenebrosa de nuestro espíritu, acontece un encuentro que aspira a ser LUZ, ALEGRIA Y ESPERANZA para nuestros corazones abatidos.

En muchas circunstancias de la vida, deseamos esos efectos especiales de luminosidad, que embotan nuestros sentidos y adormecen nuestra atención. Un encuentro de tú a tú con Jesús nos revela una luz pequeña, imperceptible para quien vive disperso, pero tan limpia y pura que nos acerca al cielo, detrás del velo de nuestra carne, y nos ayuda a decir: “en la tierra como en el cielo”, participando de la vida de Dios.

Cada vez que acompañamos a los niños ante la presencia de Dios, ellos nos enseñan a liberarnos de tantos pensamientos y deseos que nos llevan a las periferias vacías de una existencia sin oriente, y en la humidad y simplicidad de la Verdad nos conducen a la escucha de la Palabra divina, que como dice el papa Francisco en su mensaje, “no es construcción del intelecto, sino que es mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros seamos conscientes de ello.”

San José de Calasanz dejó escrito en 1647 a un religioso que había tenido que sufrir muchas humillaciones de parte de sus hermanos: “Acepte todas las cosas de las manos de Dios bendito, que nos ama mucho más de lo que nosotros nos amamos a nosotros mismos. Tenga la recta intención de conformarse a la paterna voluntad de Dios, el cual guiará nuestras cosas a mayor gloria suya…” (EP 4458)

Aceptarlo todo de las manos de Dios, tener la recta intención de conformarse a la voluntad del Padre, en situaciones de adversidad, son expresiones propias de quien con corazón inteligente escucha pacientemente la Palabra de Dios, dedica tiempo a estar con el Señor de la Vida, y va dejando que se vayan desgranando los sentimientos y actitudes que surgen de nuestro corazón profundo, donde se perciben los destellos de una luz escondida en los rescoldos de nuestras cenizas.

Silencio

Jesús también me acompaña, me ha llamado y vive conmigo el camino de la vida. Ahora desea que me desprenda de mis preocupaciones, de tanta tarea a realizar y le acompañe en el silencio y soledad de la montaña, sin otra compañía que la suya.  Atendemos nuestra respiración.

Le invoco: Ven Señor Jesús, Ven Señor Jesús, Ven Señor Jesús…

 

Jesús, yo creo que estás aquí…

Jesús, creo que habitas en mi…

 

Jesús, tu eres mi ALEGRIA, en mis tristezas…

Jesús, tú eres la PAZ, que me sosiega…

Jesús, tú eres mi ESPERANZA, en mis desánimos

Jesús, tú eres mi confianza…

Jesús, tú eres mi Verdad, en las mentiras…

Jesús, tú eres mi LUZ, en la oscuridad

 

CANTO: ESTAS AQUI