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Santa Paula Montal de San José de Calasanz nació en Arenys de Mar (Barcelona) el 11 de octubre de 1799, en el seno de una familia cristiana. La muerte prematura de su padre, un duro golpe en su vida, le obliga a asumir junto a su madre la responsabilidad familiar. En la Parroquia de Arenys recibe los sacramentos de la iniciación cristiana y colabora en la catequesis de infancia.

El deseo de entregar su vida a Dios y a la formación de las mujeres le llevó a formular su ideal: “salvar las familias enseñando a las niñas el Santo Temor de Dios”. La Providencia fue acompañando su camino, con la fundación de la Congregación Hijas de María – Escolapias, bajo la guía e inspiración de San José de Calasanz. El 26 de febrero de 1889 pasaba a la Casa del Padre.

Madre Paula, en su camino cristiano, nos ofrece un hermoso testimonio de:

ORACIÓN

“Sed almas de oración, pues sólo así progresará nuestro amado Instituto. La oración es un ratito que tenemos para hablar, para conversar a solas con Él, para acercarnos a su amor”.

Con estas palabras y otras semejantes, Madre Paula inculcó a sus hermanas escolapias, en los muchos años de Maestra de Novicias, el cuidado y aprecio de la oración. Durante su vida, los “ratitos” dedicados al diálogo confiado con Jesús, son momentos de luz e inspiración para seguir el camino que Dios le propone.

HUMILDAD

Su oración se encarnó en una vida de anonadamiento, despojo y humildad. Desde los primeros acontecimientos y dificultades que la pusieron a prueba, fue asimilando que Dios la llamaba a fundar una Congregación en el silencio y la vida oculta, dejando que otras hermanas dirigieran el Instituto. Y todo esto, vivido con la alegría, serenidad y bondad de quien tiene a Dios en el centro de su corazón. El camino hacia Dios fue abriéndose y manifestándose en la humillación, en la contrariedad permanente, en el silencio y el olvido.

AMOR A LAS NIÑAS Y A LA MUJER

“Salvar a las familias enseñando el Santo Temor de Dios”. Con estas palabras, Madre Paula nos dejó sintetizada la inspiración del carisma que recibió de Dios.

El Temor de Dios es un don del Espíritu Santo. Dios es un Padre bueno que nos ama y nos perdona siempre. No hay motivos para tenerle miedo. Educar en el Temor de Dios es inculcar que somos sus hijos, y que nuestra felicidad está en confiar en Él con respeto y humildad.

Educar en el Temor de Dios es acoger y escuchar la Palabra de Dios, dejar que nos inspire y guíe nuestra labor educativa y desarrollar la fraternidad y amor mutuo que el Espíritu de Dios siembra en nuestros corazones. Así fomentamos las actitudes que capacitan para hacer de cada familia un espacio de confianza, respeto y educación cristiana.

Las Escolapias, hoy y desde su último Capítulo General, son especialmente sensibles a Jesús que nos llama a “permanecer en Él”. Confiamos a Madre Paula nuestra vida de oración y comunión con Dios, para que, junto con ella, cooperemos en la educación y felicidad de nuestras familias.