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Durante los miércoles de Cuaresma, con nuestras meditaciones, hemos pretendido acompañar la vida de oración de muchos padres de familia y educadores que, en la oración con los niños y con corazón de niño, encuentran inspiración y guía para una auténtica unión con Dios.

Hoy, Domingo de Ramos, nos dice la tradición que, al entrar el Señor en Jerusalén, los niños hebreos aclamaban a Jesús, proclamando con ramos de palmas: Hosanna en el cielo. Era la forma sencilla con que los niños y los discípulos alababan a Dios con grandes voces. De nuevo, la boca de los pequeños del Reino anuncia las obras de Dios.

De ordinario, hoy nos habríamos vestido de fiesta para participar en la Eucaristía en nuestras iglesias y parroquias. Pero no ha sido posible. Seguramente, muchos padres habréis dinamizado momentos de oración en familia o habréis seguido la Eucaristía en los medios de comunicación social.

Desde nuestro blog, deseamos acompañar, a ser posible, con la colaboración de los mayores de la casa, ese momento de oración tan personal, intimo y auténtico que cada niño y niña vive antes de iniciar su descanso nocturno. Hace unos días, en respuesta a una circular que dirigí a todos los niños del colegio a causa del confinamiento, una madre me respondió: Me encantan los momentos de oración nocturna con José (mi hijo) cuando le contamos nuestro día, lo bueno y lo malo, le pedimos ayuda y le damos gracias. Es mi mejor momento del día junto con José.

Por ello, os sugerimos acompañar la oración de la noche. Recordar sencillamente la entrada de Jesús en Jerusalén, sobre un pequeño borriquillo, no sobre un hermoso y grande caballo. Con sencillez le expresamos nuestro amor y confianza en Él, nuestro agradecimiento por su amor, le ofrecemos nuestro corazón, y le pedimos por las personas que queremos, por los enfermos.

Y para concluir, escuchamos el canto: