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En esta especie de cuaresma mundial a la que nos ha sometido la epidemia, la actividad, la vida social, nuestra misma participación en los sacramentos se ha interrumpido. Al detenernos, el presente toma el protagonismo. El silencio y la soledad nos acercan a nuestras raíces más escondidas, a la capacidad de dar sentido a la noche y la incertidumbre.