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En estos días de Cuaresma, nuestra vida cotidiana se ha visto alterada por la amenaza de la epidemia del coronavirus. Nuestros colegios han sido clausurados, las familias han quedado recluidas en sus hogares, los niños desean volver al colegio, encontrarse con los amigos, jugar, aprender… Un sentimiento de temor y desamparo atenaza nuestros corazones.

Es momento para el silencio, la quietud y el recogimiento, la oración viva y confiada al Espíritu que quiere acompañarnos y sostenernos en este momento de nuestra vida.