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  1. Nos disponemos

Después de la peregrinación al Templo para presentar al Niño Jesús al Señor, José y María con el Niño marcharon a Nazaret, donde crecía en estatura, sabiduría y gracia.

Hoy queremos acercarnos y entrar en la intimidad de su hogar, en la vida de José y María. Aprender su unión en el amor, su vida de oración, su apertura a la gracia y presencia de Dios, su encuentro con el Dios vivo.

En cada familia que sigue el camino de la familia de Nazaret el Espíritu Santo hace maravillas de ternura, gratuidad, generosidad. Junto a María y José, queremos acoger la gracia del Espíritu que nos enriquece con sus dones y frutos

Sagrada Familia de Nazaret, enséñanos la oración del corazón que sólo Dios ve y escucha.

Invocamos al Espíritu.

 

  1. Invocación del Espíritu

Ven, Espíritu Santo,

llena los corazones de tus fieles

y enciende en ellos el fuego de tu amor.

V/ Envía tu Espíritu, Señor.

R/ Y renovarás la faz de la tierra

 

Oremos:

Oh Dios, que has iluminado

los corazones de tus hijos

con la luz del espíritu Santo;

haznos dóciles a sus inspiraciones

para gustar siempre el bien

y gozar de su consuelo.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén

 

  1. Lectura del texto: Lucas, 51-52

Bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en estatura, en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres.

 

  1. Meditación

4.1. Nazaret es la escuela de iniciación para comprender la vida de Jesús. La escuela del Evangelio (San Pablo VI)

En Nazaret, aprendemos los fundamentos que hacen de una familia, de una comunidad, morada de Dios: la belleza del silencio, que en medio de tantos ruidos educa en el recogimiento, la interioridad, la escucha de las verdaderas inspiraciones que vienen del cielo.

Nazaret nos revela la identidad de la familia: su comunión en el amor, su servicio sencillo y austero, su carácter sagrado, la belleza de enseñanzas que sólo se aprenden en familia (la confianza, el perdón, la escucha…)

En Nazaret, la casa del Hijo el carpintero, se aprende la dignidad del trabajo y el esfuerzo, del descanso y el tiempo compartido.

¿Qué nos enseña la familia de Nazaret?

¿En qué se fundamenta tu familia?

¿Cómo ser hoy familia MORADA de Dios?

 

4.2. Elegir el bien y rechazar el mal. (Isaías 7, 15)

En Nazaret, José y María permanecían atentos a Jesús. Lo cuidaban, lo educaban en las actitudes más bellas de la vida y en las costumbres y tradiciones de su pueblo. Juntos escuchaban la Palabra de Dios, la guardaban en su corazón, se preguntaban cómo vivirla en el día a día.

La Palabra de Dios era como una LUZ que guiaba y orientaba a José y María en la educación de su Hijo Jesús. En la Palabra, encontraban respuesta a sus preguntas y conocían más profundamente el corazón de Dios. De esta forma, Jesús aprendía a mantenerse muy unido a Dios, a elegir el bien y rechazar el mal.

Juntos oraban. Daban gracias a Dios y le pedían:

Danos, Señor, un corazón sabio,

capaz de escoger el bien

y rechazar el mal.

¿Qué sabiduría encuentro en la familia de Nazaret?

¿Qué presencia tiene la Palabra de Dios en nuestra familia?

¿Nos educamos en elegir el bien y rechazar el mal? ¿Cómo?

 

 

4.3. Si desde la más tierna infancia el niño es imbuido en Piedad y letras, podrá preverse un feliz desarrollo de toda su vida. (San José de Calasanz)

En Nazaret, Jesús crecía en estatura, sabiduría y gracia. Jesús se dejaba educar por sus papás y así conocía con su inteligencia las personas, la naturaleza, su ciudad, las costumbres y tradiciones de su gente; y con su voluntad aprendía a elegir y buscar siempre el bien.

San José de Calasanz, mucho tiempo después, nos dejó escrito esta bella afirmación. Dejarse imbuir es semejante a dejarse llenar.  La tierra cuando se humedece, con la luz del sol germina en flores y frutos. Así también, cuando aprendemos con nuestra inteligencia y voluntad, conocemos y nos hacemos capaces de elegir el bien, la bondad, la belleza… Y entonces, nos sentimos muy felices porque nuestra vida crece y se desarrolla.

¿Cómo educamos a nuestros hijos?

¿Les ayudamos a crecer en estatura, en sabiduría y gracia?

¿En qué dinámicas?

 

  1. Para orar

En Nazaret, José y María atendían a Jesús.  Le ofrecían todos los cuidados necesarios para crecer. Ellos amaban mucho a Jesús, le ofrecían su cariño y atención.

Ahora también, podemos acercarnos al hogar de Nazaret, para contemplar a aquella familia, mirar a José, hombre sabio, silencioso, trabajador, guía y protección de su familia, amigo de Dios, trasparencia de Dios más por sus gestos y palabras que por sus palabras. También dejarme cautivar por María la Madre del Niño Dios, siempre atenta a las necesidades del pequeño, lo escucha, lo mira, lo cuida, lo educa, lo ama y adora con todo el ardor de su corazón. Y reposar nuestra mirada y atención en Jesús, el Hijo de Dios, el Príncipe de la Paz, la eterna morada de Dios entre los hombres. Encontrarnos con su mirada limpia, inocente, pura, confiada, veraz que penetra en la intimidad de su filiación divina.

Dejamos que el silencio protagonice este tiempo.

Atendemos a nuestra respiración, pausadamente, prolongadamente, sin prisa. Nuestro cuerpo y espíritu se serenan. Ninguna tarea reclama mi atención. En el silencio, sentimos la paz y quietud de Dios. Invocamos el nombre de Jesús, al ritmo de nuestra respiración. Jesús…. Jesús….

Cerramos también nuestros ojos. Jesús está presente en lo más escondido de mi corazón.

Ahora, vamos a atender a mi propia familia. Y pedimos, Jesús, ven a mi familia…. Jesús visita mi familia… Jesús únenos en tu amor… Jesús danos un corazón sabio, como el tuyo… Jesús enséñanos a elegir siempre el bien… Familia de Nazaret, enséñanos a escuchar a Dios… Familia de Nazaret, edúcanos en una vida de oración…. de diálogo…. de perdón…

Ahora nos unimos a la plegaria que la Iglesia dirige a la Sagrada Familia, en labios del Papa Francisco:

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.

Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.

Amén.

Y dejamos que el canto se haga oración en nuestro corazón.

 

  1. En comunión con todos los hijos de María, le decimos

A tu amparo y protección…

Madre de Dios acudimos

no desoigas nuestros ruegos

y de todos los peligros,

Virgen gloriosa y bendita

defiende siempre a tus hijos

 

Sagrada Familia Texto

 

CRÉDITO IMAGEN: Presentación en el Templo. Rupnik