Seleccionar página

María es una buena tierra en la que germina la vida de oración. De Ella, recibimos a Jesús, el Hijo de Dios, y a Ella, de forma espontánea y confiada los niños le presentan su oración.

San José de Calasanz vivió una intensa y profunda unión con la Santa Madre de Dios que llevó a sus escuelas con una serie de prácticas y devociones que acompañaban la jornada escolar. Entre esas devociones, brilla de forma especial, la Corona de las Doce Estrellas, nacida de su alma hacia el 1622-23, para ser orada y encarnada por los que viven su carisma, y de forma especial, por los niños, que cautivaron su corazón.

En el ambiente oracional que vivió el santo, de forma especial junto a los PP. Carmelitas, la devoción a Santa María fue una nota dominante, que se expresaba en una serie de devociones entre las que destaca el Estelario. La Virgen María era venerada no sólo como la Madre del Hijo de Dios, sino también como Reina del cielo.

María es la mujer coronada de 12 Estrellas, que ha recibido por su fidelidad y amor a la Santa Trinidad, la Corona de la vida glorificada. Sus hijos se sienten amados y protegidos por tan excelsa Madre. En respuesta a su amor, se entregan a su servicio y le rinden homenaje por las Doce Gracias con que la Santa Trinidad la ha adornado.

Inspirándose en el Estelario de los PP. Carmelitas, Calasanz compone su Corona de las Doce Estrellas, con unos acentos que le confieren identidad propia, entre los que destacamos:

  1. Oración de acción de gracias y alabanza a la Santa Trinidad por las Gracias que ha derramado sobre María

La alabanza y acción de gracias es la forma de orar que inspirada en la misma Eucaristía da gloria a Dios por lo que ES y nos mueve a vivir todo acontecimiento en una ofrenda de amor al Padre.

Es la oración propia de los sencillos, de los pobres de espíritu que aman a Dios con un corazón purificado de todo mal deseo. La transparencia, inocencia y simplicidad de los niños suscita una alegre alabanza y acción de gracias a Dios por las maravillas que ha revelado en la creación, y en su criatura más excelsa: María.

La corona calasancia educa en una mirada de confianza y agradecimiento a Dios por las gracias que ha derramado en María y en todos los que acojan la acción de su gracia

  1. María, Estrella de Esperanza.

La vida de cada niño, de cada persona puede leerse como un camino. Los educadores acompañamos los primeros pasos de ese recorrido. En el viaje de la vida, a menudo oscuro y tenebroso, necesitamos encontrar astros que nos indiquen la verdadera ruta, como les ocurriera a los magos en su camino hasta Belén.

Las verdaderas estrellas son las personas que han sido un ejemplo de vida para nosotros por su coherencia entre sus palabras y sus acciones. Cada educador está llamado a ser estrellas para sus niños. Son luces de esperanza. Jesús es la LUZ eterna, siempre brillante. Para llegar hasta Él, necesitamos también candiles cercanos, personas que reflejando la luz de Cristo, ofrezcan orientación e inspiración para nuestra vida.

María, antes que coronada de Doce Estrellas, toda Ella es una ESTRELLA que con su SI, humilde y auténtico, nos abrió la puerta del cielo; que conservando y guardando cuidadosamente todas las cosas en su corazón, nos educa en la escucha atenta del Espíritu de Dios; que junto a la cruz, unida al corazón herido de su Hijo, lo ofrece todo al Padre; que en el Cenáculo acompañó con su presencia y oración el nacimiento de la Iglesia.

  1. Una oración inspirada para ser practicada por los niños.

Calasanz, en su redacción de la Corona, se decanta por la sobriedad y concisión en el enunciado de cada gracia. Es un texto fácil de aprender y recordar, y por lo tanto, ser practicado diariamente por niños y adultos, como deseaba el santo.

Pueden ser muchas las formas de orar la Corona, según la edad y capacidad de nuestros niños: una alabanza, una parte, el texto completo… Desafío para los educadores será instruir a nuestros niños en el contenido de cada alabanza por medio de una inspirada catequesis que ayude a nuestros niños a contemplar en María, a la Hija del Padre, la Madre del Hijo, y la Esposa del Espíritu Santo. Con nuestras meditaciones, más allá de precisiones históricas y doctrinales, pretendemos contribuir a semejante desafío.

A continuación os ofrecemos para nuestra oración, el ofrecimiento a la Virgen maría que se practicaba en la Oración Continua de las primeras Escuelas Pías. En su contenido, encontraremos actitudes orantes de quienes se sienten hijos de María:

Virgen Pura y Santa,

digna Madre del Hijo de Dios,

Jesucristo mi Redentor,

también a ti me ofrezco por entero.

Acepta, Señora, mi servicio.

Acoge, Madre de la gracia, mi pequeña ofrenda,

favorece y protege a esta pobre criatura llena de pecados,

y alcánzame de Jesús el perdón de todas mis culpas.

Ayúdame ahora y siempre y en la hora de mi muerte.

 

Y prolongamos nuestra oración, dejándonos llevar por el canto: