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La celebración del Patrocinio de san José de Calasanz siempre constituye una llamada a profundizar en las raíces de nuestro carisma escolapio y de nuestra Oración Continua.

En esta ocasión, os compartimos una hermosa circular que el P. Juan Martra, Vicario General de las Escuelas Pías de España, dirigió en 1878 a los religiosos del país.

CARTA TRANSCRIPCIÓN

 

A MODO DE INTRODUCCIÓN

1. Circunstancias históricas.

En la España del siglo XIX, el ambiente político, ideológico y religioso fue especialmente convulso. El impulso de un estado laico provocará una debilitación del protagonismo de la Iglesia con la supresión de congregaciones religiosas, a excepción de las Escuelas Pías, la secularización de la cultura y la enseñanza, etc.

En 1874, en la época de la Restauración monárquica se intentó conciliar el catolicismo con un liberalismo moderado que tampoco se logró.

2. El P. Juan Martra

Miembro de la Provincia escolapia de Cataluña, después de prestar diversos servicios en la Orden, en 1875 fue nombrado Vicario General de España. En continuidad con los religiosos que le precedieron en el cargo (PP. Ramón del Valle y José Balaguer), se empeñó en ofrecer una formación más adecuada a los juniores escolapios, continuar y atender las nuevas fundaciones en América, e impulsar el ministerio escolapio.

En la carta que os ofrecemos se percibe el afecto que siente por la Oración Continua y su restauración en nuestras escuelas.

3. Algunas líneas importantes en la carta

A. Las Escuelas Pías

El P. Martra expresa con cierta nostalgia la memoria de las primeras Escuelas Pías que, si bien nacieron en humildad fueron fuente de vida, caridad y gracia para la infancia y juventud. Nuestra Orden ha recibido la gracia del carisma calasancio para “instruir a la juventud en espíritu de inteligencia y piedad”.

B. El Escolapio

Si bien el autor reconoce los defectos de algunos miembros de la Institución, ensalza el espíritu de entrega, abnegación, dedicación y caridad de la mayor de los religiosos. Aún más, encuentra en las palabras del apóstol san Pablo, referidas a su misión apostólico, la vitalidad e inspiración del ministerio del Escolapio, a quien califica tan bellamente Maestro, Padre y Ángel de los niños.

C. La Oración Continua

El P. Martra reconoce que el espíritu de gracia y oración fue un distintico de nuestro Santo Patriarca. Sin embargo, con el paso del tiempo, la “Corporación ha creído poder obtener la gracia prescindiendo de la eficacia de los ruegos”.  Confiesa que no se ha dejado de enseñar a los niños rogar, pero no se ha tenido la suficiente fe en la eficacia de la oración de los niños, con esta elocuente imagen: “… siguieron ofreciéndose los panes, pero el incienso se quedó en el olvido.”

Por todo ello, ordena el restablecimiento de la Oración Continua y de la Corona de las Doce Estrellas.

4. En nuestro camino de Oración Continua hoy

A. Las Escuelas Pías, mies fertilísima

En la historia, nuestra Orden se ha adaptado a las exigencias de las diferentes legislaciones civiles de cada estado. No siempre ha sido fácil mantener la fidelidad a la educación en piedad y letras, según el espíritu de nuestro Santo Padre.

En el texto que nos ocupa, se apela al “espíritu de inteligencia y piedad”, como rasgo propio y distintivo de nuestra misión educativa. La inteligencia es un don del Espíritu Santo que nos lleva a captar, a través de los entresijos de la realidad creada la grandeza y el amor de Dios en relación con cada criatura. La piedad indica nuestra pertenencia a Dios y nuestro vínculo profundo con Él, que nos mueve a la oración y la alabanza.

Desde este espíritu, intuimos que la Oración Continua puede llegar a ser alma en la vida de un colegio escolapio.

B. El educador escolapio, cooperador de la Verdad

San José de Calasanz dejó escrito en sus Constituciones: “En actitud humilde debemos esperar de Dios Todopoderoso, que nos ha llamado como braceros a esta mies fertilísima, los medios que nos trasformen en idóneos cooperadores de la Verdad.”

En estas palabras, se contiene el alto concepto que el Santo tuvo siempre del servicio prestado por el educador escolapio en bien de los niños. El Escolapio ha sido llamado por Dios, para una misión en la que el mismo Dios se implica ofreciendo los medios necesarios. Al educador, no sólo se le pide la adecuada preparación doctrinal, sino también esa actitud de confiado abandono en el Padre que en su Providencia nos dará sus dones para ser fieles a la misión.

En la oración, el educador comprende que el protagonismo reside primordialmente en la gracia del Espíritu Santo presente siempre en los corazones de los niños y de los que se asemejan a ellos para entrar en el Reino de Dios.

C. La Oración Continua

La Oración en general y la oración de los niños en particular, es un don a impetrar de Dios en la súplica. El autor de la carta, se inspira en la profecía de Zacarías: “Infundiré un espíritu de gracia y oración.” Confiesa que, aunque no se ha dejado de enseñar a rezar a los niños, no se ha tenido la suficiente fe en la eficacia de la oración de los niños.

En ocasiones, identificamos la oración con la recitación vocal de fórmulas o el aprendizaje de los conceptos básicos de la fe. Pero la oración que se inspira en el espíritu de piedad mira preferentemente a una relación con Dios vivida con y desde el corazón, en dinámica de esa amistad capaz de trasformar la vida de los hombres, colmarlos de alegría y esperanza.

En el fondo, aspiramos a una educación que nos ayude a madurar, en palabras del Papa Francisco a los Escolapios, en la armonía del lenguaje de las ideas, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos.

Feliz día del Patrocinio de San José de Calasanz.