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Hace muchos años, en 1531, a pocos días del mes de diciembre, junto al cerrillo Tepeyac, el pobre indio Juan Diego escuchó el canto suave y deleitoso de lindos pajarillos y una voz que le llamaba: “Juanito, Juan Dieguito”. Atraído por la llamada, subió al cerro. Al llegar a la cumbre, vio una Señora en pie, vestida como el sol; el risco en que se posaba su planta flechado por los resplandores, semejaba una ajorca de piedras preciosas y relumbraba la tierra como el arco iris.

Allí, la Señora le descubrió su voluntad: deseo vivamente que se me erija aquí un templo para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre.

Del 23 al 27 de septiembre se celebró el segundo encuentro de formación en Oración Continua para las demarcaciones escolapias de América centro y norte en la Casa de Oración Lidxi Ndaya de Oaxaca (México), que completa el primer encuentro celebrado en Luján (Argentina) para las demarcaciones de América sur. De esta forma, laicos y religiosos de las Escuelas Pías, junto con religiosas Escolapias y Calasancias compartieron unos días de formación, convivencia, talleres de oración y encuentros de oración con los niños de nuestros colegios de Buenos Aires y Oaxaca.

Al final de ambos encuentros, los participantes expresaron su experiencia, aprendizajes, reflexiones y propuestas de futuro. El relato de la aparición de la Virgen de Guadalupe a san Juan Diego, recoge algunas de las actitudes y vivencias compartidas, que nos mueve a un gozoso agradecimiento inspirado en el mismo canto de alabanza de la Madre de Dios:

  1. En la búsqueda de Dios

María implicó todo su ser en la búsqueda profunda del designio de Dios, en Ella y para la humanidad. Para Ella, buscar era encontrar el rostro compasivo y fiel de Dios. Sin este ardiente, paciente y generoso deseo, Dios puede quedar reducido a una idea, a un proyecto.

Asimismo, cuando nos hemos acercado a san José de Calasanz, a su camino y testimonio de oración, paulatinamente hemos comprendido que, en su oración, el silencio y la escucha son alma de un encuentro con Dios que sacia la sed de vida eterna que anida en todo corazón humano.

Con María, cantamos:

 

  1. En la acogida y aceptación de la presencia de Dios.

La pregunta de María se transforma en una aceptación de su presencia, aunque no se comprenda del todo. En la vida de Dios, hay más de misterio que de evidencia. Es el momento en que el hombre se abandona al misterio con la disponibilidad de quien se abre para ser habitado por Alguien, más grande que el propio corazón.

En nuestros encuentros, acompañados de la oración de los niños, nos hemos dejado “contagiar” de su sencillez y sinceridad en la expresión de sus deseos; de su simplicidad en la aceptación de la presencia de Dios; de su confianza y abandono en un Padre siempre bondadoso… Así, hemos aprendido a orar con “corazón de niño”.

Por todo ello, cantamos con María

 

  1. En una coherencia que aspira a prolongarse en el tiempo

Profundizar en la doctrina orante de Calasanz, acoger un modo de orar con los niños y con “corazón de niño”, nos impulsa a ser coherentes con lo vivido y creído en la oración. Es fácil ilusionarse cuando compartimos la lectura y reflexión, cuando oramos junto con los niños; cuando sentimos con intensidad la presencia de Dios en las gracias que Él nos regala. Sin embargo, la experiencia nos enseña que la Oración Continua, aunque es sencilla en sus modos, es difícil vivirla con fidelidad, y encontrarle tiempo y espacio en el difícil engranaje de la organización de nuestras escuelas y parroquias. Ser fiel conlleva actualizar en nosotros nuestra oración de cada día, dejar que los niños nos contagien sus modos de orar, y abrir caminos, quizás a tientas y entre oscuridades, para que nuestros niños sean iniciados en el arte del encuentro orante con Jesús vivo y presente entre nosotros, para que la maternidad misericordiosa de María, derrame compasión en el corazón de tantos pequeños del Evangelio.

Por último, nuestro agradecimiento a las demarcaciones de Argentina y México por la exquisita preparación y atención de todos los detalles de los encuentros, y nuestro abandono confiado, como Pobres de la Madre de Dios, en la Virgen de Guadalupe, Patrona de América Latina, para que Ella inspire, guie y acompañe con sus entrañas misericordiosas la siembra de la oración en el alma de cada niño.

María de Nazaret,

Madre del verdadero Dios y de nuestros pueblos americanos.

Tú, en cada uno de tus Santuarios,

derramas tu materna compasión.

 

Nosotros, tus pobres hijos de las Escuelas Pías,

confiamos a tu Inmaculado Corazón,

Oh, Virgen de Guadalupe,

nuestra humilde búsqueda del rostro misericordioso de tu Hijo,

nuestra vida de oración junto con los niños y “con corazón de niño”,

nuestra fidelidad a tus santas inspiraciones,

para que nuestros niños sean acompañados

a un encuentro vivo y personal con tu Hijo resucitado.

 

Así, las Escuelas Pías serán el verdadero Templo

donde seas por siempre bendita y alabada.

 

Santa María, Virgen de Guadalupe, ruega por nosotros

 

A continuación, os ofrecemos algunos testimonios del encuentro de Oaxaca (México):