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Cuando nos acercamos a la vida y obra de san José de Calasanz, descubrimos diversos ejes en torno a los que giran su ser y hacer, pero hay uno que brilla con especial esplendor y belleza: la presencia de María.

Desde su Peralta natal, donde su madre, María Gastón, le inculcó una tierna piedad mariana, según las devociones propias de su tiempo, hasta su lecho de muerte, donde nuestro Santo confesó tener “plena confianza, porque la Virgen Santísima me ha prometido su ayuda” (testimonio P. F. Castelli), Calasanz vivió una singular comunión de vida con María, que le acompañó, guió y protegió durante su vida.

De esta íntima presencia de María, germinó un amor tierno, filial, confiado en el corazón de aquel sacerdote que paulatinamente se abrió a la humildad y mansedumbre del corazón inmaculado de María, verdadero camino para “ver a Dios”.

Calasanz tuvo una clara conciencia de que su obra había sido fundada bajo la protección y guía de la Madre de Dios. Por ello, insistirá una y otra vez, en sus cartas: “Es necesario que recurramos al auxilio de Dios, y a la intercesión de la Santísima Virgen, bajo cuya protección se fundó la obra” (EP 4417). Él educó en sus religiosos una devoción sencilla, auténtica, continua a María, a quien el escolapio se consagraba en su Profesión religiosa (… hago voto a Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo, y a María, la Virgen Madre de Dios…) y con quien mantenía una piedad filial en el ejercicio de oraciones vocales, que acompañaban la vida de la comunidad escolapia: A tu amparo…, Rosario, Letanías lauretanas…

Calasanz confiaba plenamente en la oración de los niños. “Haga hacer oración a los niños por nosotros” (1629). Por ello, quiso que aprendieran a dirigirse a María con una actitud plenamente filial. Les enseñó diversas oraciones a María que guiaban la jornada escolar. Entre ellas, destacamos hoy la “Corona de las Doce Estrellas”, en honor a la concepción Inmaculada de María, compuesta por san José de Calasanz, quizás hacia 1623-1625. En ella, nuestro Santo dejó plasmado de forma concisa y fácil de memorizar doce gracias que María recibió de la Santa Trinidad. Deseaba que fuera practicada cada día por los escolares.

En nuestra practica actual de la Oración Continua, la “Corona” más que una práctica a realizar diariamente, es un camino de aprendizaje de vida evangélica, siguiendo el silencioso magisterio de la Madre de Dios, porque

  1. La Santa Trinidad continua hoy mostrando a la Virgen María a todos los que escuchan a su Hijo Jesús con corazón de niño.
  2. En la oración, el Padre nos enriquece con las gracias y virtudes de los hijos de Dios.
  3. María, en su actitud silenciosa y orante, nos lleva siempre al encuentro con Jesús, en su Evangelio.
  4. Junto con Ella, suplicamos el don del Espíritu Santo, maestro interior que nos educa en la sabiduría y gracia de Dios, e intercedemos por las necesidades de la comunidad humana y cristiana.

Por todo ello, iniciamos hoy una nueva sección de nuestro blog: la Corona de las Doce Estrellas, en el deseo que nos ayude a vivir como auténticos “Pobres de la Madre de Dios” y a educar en nuestros alumnos un amor filial a nuestra Madre Santísima.