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Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra,

(S. Francisco de Asís. Cántico de las criaturas)

 

Durante estos días, en el hemisferio norte, coincidiendo con las vacaciones escolares, muchos de nuestros niños y jóvenes, junto con sus familias, tienen la oportunidad de disfrutar de unos días en la Naturaleza. En el hemisferio sur, enero y febrero serán el tiempo propicio para estas actividades. Sea en un lugar o en otro, los escolapios hemos sentido la llamada a acercar a nuestros niños a la Naturaleza.

En unas ocasiones, el deseo de favorecer un descubrimiento desde la propia experiencia nos ha llevado a realizar excursiones y visitas a espacios naturales donde mejor conocer y sorprendernos ante el misterio de vida y esperanza que siempre nos ofrece nuestra madre tierra.

En otras ocasiones, la Naturaleza ha sido el lugar más apropiado donde ofrecer encuentros, campamentos, colonias, peregrinaciones… en los que la riqueza y diversidad de la creación nos abren al misterio de la presencia de Dios, en una comunicación que nos abre a la profundidad de los sentimientos y los significados que sólo en Dios adquieren razón de ser. Por una parte, nos sentimos entrañablemente cuidados y protegidos por un contexto que cada día nos habla de la bondad de Dios: nos recreamos con el calor y la belleza de la luz del sol; nos refrescamos en el agua que mana gratuitamente en riachuelos y manantiales; nos alegramos el canto humilde y  candoroso de tanto pajarillos que nos acompañan especialmente al amanecer y al atardecer; nos sobrecoge el rostro inquieto y juguetón con que nos puede sorprender cualquier ardilla o castor; quedaremos prendados por la belleza y libertad de tantas aves que surcan majestuosamente el cielo azul… Y de forma muy especial, en el rostro de cada persona que nos sale al encuentro, percibimos esa imagen y semejanza del Señor.

Si nos concedemos un poco de tiempo para compartir vida con toda la creación de Dios; si miramos con atención la riqueza y diversidad de formas y colores; si acariciamos y sentimos cada hoja, flor y fruto con que Dios engalana los lugares; si guardamos silencio y escuchamos la alegre melodía que surge espontánea y gratuita; si miramos cada rostro con la misma mirada compasiva que nace de los ojos de Dios; entonces también sentiremos que Él acaricia nuestras manos, nuestro rostro. Él dejará una huella de su amor en nuestra alma.

En nuestra propia biografía, Dios crea espacios que son signo personal de su gracia y ternura. Lugares a los que volvemos para recuperar en alguna medida nuestra propia identidad. En el libro que Dios ha escrito en la Naturaleza, cada criatura es una hermosa palabra necesaria en el lenguaje de Dios.  Contemplar la naturaleza es escuchar la voz de Dios. Cuando le damos tiempo a Dios en la Naturaleza, surge el deseo espontáneo de alabar y adorar al autor de toda aquella creación, como hizo san Francisco de Asís en aquel himno al que nos hemos referido al inicio de nuestra reflexión.

Escribo estas líneas acompañando unos días al grupo Scout del colegio, en el valle de Boí en el Pirineo catalán. Y paseando por estos parajes, se me escapa la memoria a san José de Calasanz, cuando en su oficio de visitador y vicario general de Tremp, quedó constancia de su paso por Durro, en julio de 1590. Y en mi interior, albergo una convicción: entre sus muchas tareas administrativas, seguro que la belleza natural del valle cautivó su corazón, dejó una huella indeleble en su corazón de la presencia de Dios, que le preparó para reconocerla años más tarde en el alma de tantos niños desamparados del Trastévere romano.

Por último, te ofrecemos algunas sugerencias para que en estos días sientas la bondad y cercanía de Dios:

  1. Al comenzar el día sería estupendo tomar conciencia de que Dios está contigo, como lo hizo con María: “Alégrate, el Señor está contigo”.
  1. Durante el día, recordar algún versículo del Evangelio, rumiarlo, reflexionarlo y orarlo… Y luego, compartirlo en familia
  1. Pasear por la naturaleza, en familia, sin prisa, compartiendo, dialogando…
  1. Dedicar más tiempo y presencia a los miembros de nuestra familia más enfermos, dependientes, ancianos. En su mirada y sus sentimientos, se palpa de forma especial la presencia de Dios.
  1. Escuchar juntos el vídeo de presentación del Papa Francisco de la intención de oración de agosto:

“Para que las familias, gracias a una vida de oración y de amor, se conviertan más en “laboratorios de humanización”, y preguntarnos cómo ayudarnos a ser más familia y comunidad cristiana en el día a día».

  1. Y al concluir el día dejarlo todo en el corazón del Padre y unidos al corazón inmaculado de María, orar por las personas que sentimos más vinculadas a nuestras vidas, junto con las intenciones de nuestra Corona de las Doce estrellas:

Por la Iglesia de Dios, para que el Señor la haga crecer y la proteja,

Por la unidad de los cristianos,

Por la salvación del mundo entero,

Para que siempre y en todo lugar se consolide la paz, el progreso de los pueblos y la libertad religiosa,

Por las Escuelas Pías…

Para concluir con

A tu amparo y protección,

Madre de Dios acudimos,

no desoigas nuestras suplicas,

y de todos los peligros,

Virgen gloriosa y bendita,

defiende siempre a tus hijos.