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En algunas de nuestras sociedades, en el día de hoy, muchos niños reciben regalos. En Navidad, cuando sentimos que Dios nos ha hecho el mayor regalo, entregándonos a su Hijo, con los regalos que reciben los niños, también agradecemos al autor de la vida, esa incipiente sorpresa de Dios que cada niño trae a nuestra familia, nuestra escuela y a nuestra sociedad.

Más allá de esta costumbre social, la Iglesia celebra la Epifanía o manifestación de Jesús, LUZ de todos los pueblos. Protagonistas principales del relato evangélico son aquellos “magos”, hombres sabios que, en su actitud de búsqueda de la verdad, se dejaron encaminar por una estrella hacia el que se revelaría como el Camino, la Verdad y la Vida. Previsiblemente, una constelación estelar pudo ser un primer impulso para iniciar su camino. El lenguaje de la naturaleza ofrece muchas insinuaciones de la presencia de Dios. Pero ellos, se dejaron seducir por el atractivo de aquella luz. Como le ocurriera a Moisés mucho tiempo atrás, algo tenía aquella estrella que les puso en camino. Su camino exterior fue acompañado por un camino interior, en el que, en su sabiduría, aprendieron la ciencia de dejarse conducir; en el que, en su grandeza, descubrieron la belleza de la humildad y la gratuidad de los pequeños; en el que surgió en su corazón la inocencia y la confianza de quien se abandona en Dios Padre con corazón de niño. Los magos aprendieron de los niños a caminar hacia Dios con un corazón como el suyo.

Los magos se llenaron de la alegría de la luz de Dios, que alcanza el corazón del hombre y siente que al mismo tiempo ha encontrado y, algo aún más hermoso: ha sido encontrado. En el gozo del encuentro, se postraron y adoraron al Niño Dios. Le ofrecieron sus dones: oro, incienso y mirra. Así rendían homenaje al Niño que reinará en los corazones de los últimos, los heridos, los pequeños y humillados, con su corazón tierno y compasivo, herido de amor por la salvación de todos.

Y si guiado por los magos llego hasta Belén, podremos ofrecer a Jesús nuestro mejor regalo: la amistad de nuestro corazón.

Os ofrecemos este canto de nuestra Oración Continua con el que ofrecer a Jesús el mejor regalo de nuestro corazón: Ser tu amigo