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Después del nacimiento de Jesús, la Sagrada Familia regresó a su casa en Nazaret, donde el pequeño Jesús crecía en edad, sabiduría y gracia, desde aquellas virtudes que ayudan a alcanzar la plena madurez:

    • El amor a la verdad, la bondad y la belleza
    • El cultivo del silencio, la escucha y la reflexión
    • La apertura a Dios en la oración que nos habla y llama a humanizar nuestras relaciones
    • Y el desarrollo armónico de la propia identidad en la libertad de los hijos de Dios.

En la familia de Nazaret, la oración fue referencia de su ser y actuar. En la escucha de la voz de Dios, toda familia cristiana puede crecer en su identidad y misión. De la reflexión y oración del Papa San Juan Pablo II, en la FC 59-60, os insinuamos algunas dinámicas que nos ayudarán a crecer en la presencia de Dios:

1. Una oración hecha en común.

La oración compartida intensifica nuestra unión con Dios y la sana comunicación entre los miembros de la familia. Aún más, es un espacio oportuno para curar relaciones heridas.

2. En la vida de la familia, los diversos acontecimientos y circunstancias acogidas como vocación de Dios en respuesta a su llamada amorosa: alegrías y dolores, tristezas y esperanzas, nacimientos y cumpleaños, decisiones importantes, pérdidas de seres queridos… se convierten en alimento de sentimientos y actitudes de acción de gracias, imploración o abandono confiado de la familia en el Padre de los cielos.

3. Los padres cristianos, siguiendo el ejemplo de S. José y Santa María Virgen, están llamadas a educar a sus hijos en la plegaria, de acompañarlos progresivamente en una relación viva y personal con Dios, inspirada por el Espíritu Santo, en la escucha del Evangelio y la respuesta a las llamadas de Jesús.

4. En el ejercicio de la educación en la oración, el testimonio de vida de los padres confiere veracidad y autenticidad a nuestra relación con Dios. En la medida que padres e hijos oran juntos, la presencia y compasión de Dios empapa el corazón de los hijos y suscita una ofrenda agradecida a Dios.

5. La oración en familia encuentra su plenitud en la oración litúrgica en general, y, de forma particular, en la Eucaristía, alma e inspiración de toda oración cristiana.

Para preparar y prolongar en casa, la presencia de Dios celebrada en la Eucaristía, podemos recurrir a diversas formas de piedad: la oración de la mañana y de la noche, la bendición de la mesa, la lectura y meditación de la Palabra De Dios, pequeños gestos de amor y veneración a una imagen religiosa, etc.

Entre estas formas de oración, nuestra Oración Continua encuentra en Santa María Virgen, Madre y Educadora de Cristo, en general, y de forma particular en la oración de La Corona de las Doce Estrellas las actitudes que acompañan la maduración de la familia cristiana y de cada uno de sus miembros.

A continuación, os ofrecemos el segundo encuentro de oración que compartimos en el último retiro de Adviento. Desde la paternidad orante de S. José, queremos acoger la presencia de Dios en nuestras familias.