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Alabado sea Dios Padre

que la preservó de toda mancha

en su Concepción.

Amén

 

El Papa Pío IX, antiguo alumno de las Escuelas Pías de Volterra, en la Bula Ineffabilis Deus, en 1854, declaró dogma de fe la Inmaculada Concepción de María. En esta misma bula, el Papa recordó, en ocasión tan solemne, que desde su niñez había profesado especial devoción a María en su Inmaculada Concepción.

Sin duda, aquel Papa participó en las muchas oraciones que los alumnos de las Escuelas Pías dirigían a la Virgen María, entre las que destacamos la Corona de las Doce Estrellas, en honor de la Inmaculada Concepción, en la rinde alabanza a Dios Padre, porque preservó a María de toda culpa en su Concepción.

San José de Calasanz, ya participó en su infancia y juventud, en el ambiente religioso de la antigua Corona de Aragón en el que la fiesta de la Inmaculada Concepción era admitida y celebrada por el pueblo cristiano de forma unánime. Entre las siete festividades de la Virgen María que se celebraban con diversas devociones en sus escuelas, quiso incluir la Inmaculada Concepción

En el corazón de nuestras escuelas, comunidades y familias, María se nos acerca con esa presencia humilde, cercana y serena que la caracteriza. Con su estilo discreto, nos ofrece su esperanza. En nuestras casas y aulas, es fácil que conservemos una pequeña imagen, cuadro o estampa de María y que le ofrezcamos nuestro  gesto de amor en el simple ofrecimiento de una sencilla flor o vela encendida. Al miarla, sentimos que Ella nos mira, nos protege atenta siempre a nuestras necesidades. María nos habla silenciosamente de Dios, nos recuerda que esos sentimientos tan hermosos que los niños expresan en su oración: la inocencia, la generosidad, la bondad, la limpieza de corazón, la confianza… nos conectan con el corazón compasivo de Dios.

María Inmaculada nos sintoniza con la vivencia más ínitma de cada niño en su corazón. Del corazón inmaculado de María aprendemos la apertura a Dios, a su Palabra, a sus inspiraciones, para mirar a cada persona, especialmente a las descartadas y humilladas, desde el corazón con cariño, con ternura, con mirada limpia.

Purísima Virgen María a tu corazón inmaculado confiamos el alma de todos nuestros niños, de nuestros educadores y padres de familia, y te agradecemos de corazón tu presencia viva y elocuente entre nosotros.

Por último, os ofrecemos en este audio, la oración inicial de nuestro retiro de adviento, en la que acompañamos a María Virgen en la espera del nacimiento del Salvador, desde las alabanzas a Dios Padre de la Corona de las Doce Estrellas.