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A lo largo de nuestra historia muchos escolapios, en los diferentes tiempos y lugares, han educado en la piedad a nuestros alumnos; en ese desafío siempre difícil que aspira a integrar fidelidad carismática a nuestros orígenes, a la vez que adaptación a los diversos contextos y lenguajes en los que se encarna nuestra misión educativa.

En estos últimos años, en el marco de la línea de acción aprobada en el último Capítulo General -en su intención expansiva de la Oración Continua- hemos visitado y compartido, con gusto, nuestra experiencia con aquellos claustros deseosos de avanzar en el camino ya recorrido de la Oración Continua. La herencia recibida nos estimula a una nueva profundización e impulso en el anhelo de que muchos niños desarrollen una plena relación con el Dios siempre presente en nuestras vidas.

En España, algunos colegios de la Provincia Betania (en Oviedo, Valencia, Castellón, Albacete y Getafe), los colegios de las Escolapias de Aragón, y en algunos colegios de la Provincia Centro América y Caribe (en Nicaragua, Rep. Dominicana y Costa Rica), han acogido nuestra propuesta con el reto de continuar su camino en dinámica de fidelidad y creatividad, desde nuestros principios:

  1. Un colegio en oración. La oración continua no es una actividad más, que esporádicamente se ofrece a los alumnos, sino que inspira y acompaña, no solamente el aprendizaje de los alumnos, sino el conjunto de iniciativas de la comunidad cristiana en el que, a modo sinfónico, la Institución propone horizontes, el Equipo Directivo prepara el camino, el Equipo de Pastoral impulsa y los educadores llevan adelante.
  2. Para ser “maestro” de oración se requiere ser persona de oración. San José de Calasanz, considera “indispensable ofrecer el ejemplo de una vida según el Espíritu y el método para enseñarla” (Constituciones, 203). La oración no podemos darla por supuesta. Es un arte, que incluso, quienes van más adelantados en vida evangélica, sienten siempre la necesidad de acudir una y otra vez a Jesús, y su Evangelio para aprender a orar “en espíritu y verdad” (Juan, 4, 24). Por ello, en la conjunción de doctrina y experiencia, acompañamos a los educadores en este camino de progresiva comunicación con Dios, con los niños y con corazón de niño.
  3. En la integración de vida, cultura y fe. El aula, con los muchos recursos que nos ofrece la didáctica moderna, y el oratorio, con la presencia de símbolos e imágenes que cultivan el silencio y el recogimiento, se prestan una ayuda recíproca para penetrar en la profundidad de la Verdad revelada, a la vez que inspira un diálogo íntimo y constante con el Padre, en unión con Jesús, presente siempre en nuestra intimidad, y guiados por el Espíritu Santo, nuestro Maestro interior.

Os ofrecemos algunas imágenes de los encuentros celebrados.