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Jesús dice en el Evangelio: El Reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que toma un hombre y lo siembra en su campo. Es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece es la mayor de las hortalizas y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas (Mat 13,31-32).

 

El niño es capaz de Dios. Cada vez que acompañamos a un niño ante una imagen en casa, o ante el sagrario en la Iglesia, Dios, y su amor, llenan su corazón. Puede invocar a Jesús, guardar silencio, mirar con atención, expresar su amor y confianza… Y vivir su particular encuentro con el misterio de Dios. Su relación con Él es viva, auténtica, se siente hijo de Dios y por eso ama a Dios Padre de todo corazón, con la misma mirada limpia y bondadosa con que acoge y aprecia a sus padres y educadores.

En el corazón de cada niño, Dios puede sembrar la semilla de la oración. En sus inicios, de forma muy simple, oculta y silenciosa; hecha de miradas y gestos auténticos; con pocas palabras, pero muy expresivas de sus sentimientos. Con el tiempo, esa semilla crecerá y ya producirá el buen fruto de una oración madura, sentida con el corazón y formulada con la propia inteligencia.

La semilla necesita de la tierra buena, de agua abundante, sol radiante y los generosos cuidados del labrador. La semilla de la oración en el alma de los niños, también requiere de los cuidados de padres y educadores. Nosotros podemos dedicar tiempo a la oración con los niños, ofrecerles nuestro testimonio y buen ejemplo, el cuidado de aquellas actitudes que acompañan la oración, la acogida y ternura en la atención de los mismos niños, pero sobre todo encontrar tiempo para nuestro encuentro personal con Dios… Así el niño abrirá progresivamente su corazón e inteligencia a las palabras del Evangelio y a la amistad con Jesús.

Los educadores en el colegio, y los padres en la familia acompañarán a los niños y aprenderán de ellos, a dirigirse a Dios con corazón de niño.

Hoy, os ofrecemos algunos testimonios de padres, educadores, niños y adolescentes de su vivencia de la oración en un colegio escolapio.