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En una carta que San José de Calasanz escribe al P. Vicente Berro en 1643 (EP 4120), recoge este hermoso principio de vida espiritual. El Santo se adentra paulatinamente en su particular participación en el misterio pascual de Jesús, desde el que acompaña y guía a uno de los religiosos que más entrañablemente estimó Calasanz.

“Es necesario recoger antes como concha para derramar luego a los demás como canales”, se inscribe en esa dinámica integradora a la que Calasanz en su vivir y obrar era especialmente sensible: letras y piedad, vida activa y contemplativa…

Los escolapios, en nuestra vivencia de la oración, tantas veces oculta y silenciosa, recogemos, como en una concha, con actitud agradecida, la compasión y ternura, la misericordia y perdón que Dios nos ofrece. Asimismo, lo derramamos copiosamente en las actividades y encuentros que desarrollamos en el día a día de nuestra acción educativa, para que en el corazón de cada niño germine la semilla del Evangelio.

Vivir la oración (recoger) y educarla en nuestros alumnos (derramar) responde al deseo de Calasanz: “Haga hacer oración particular a los alumnos pequeñitos, para que nuestras casas se mantengan en su santo ministerio”(1646).

A los niños, les encanta sentarse en silencio, cerrar los ojos, e invocar el nombre de Jesús, centrando su atención en Él, con la convicción de que Dios visitará su corazón y lo colmará con su presencia y cariño, como si de una pequeña concha se tratara. Sólo se requiere permanecer junto a Él, llamarle y dejar que Él les llene. Con este recoger, derramarán en el corazón de cada persona, con su inocencia y espontaneidad la bondad, verdad y belleza que nacen del corazón de Dios.

En algunos de nuestros colegios, pronto se iniciarán las vacaciones de verano. Es una magnífica oportunidad para visitar y permanecer días en la naturaleza, donde tan fácilmente se percibe la huella y presencia del Creador. Y allí, junto con los niños, podemos permanecer en silencio, observando el agua en los ríos o en el mar, y recordar que el amor de Dios es como el agua que podemos recoger en nuestros corazones para luego derramar en cada persona que sale a nuestro encuentro. Y allí invocar pausadamente a Jesús.

Y para finalizar ese breve encuentro de oración, os ofrecemos esta sencilla canción, compuesta por Geña Benítez, religiosa de Villa Teresita, colaboradora fiel de nuestra Oración Continua, que, escuchada y orada reiteradamente, hará nacer en nuestros corazones el deseo de recibir el agua que brota del corazón traspasado de Jesús.