Seleccionar página
  1. Nos disponemos

Hoy comenzamos un nuevo año, deseándonos toda clase de bienes y bendiciones. Dios también nos ofrece su bendición. Dice la Palabra de Dios:

El señor te bendiga y te proteja

Ilumine su rostro sobre ti

Y te conceda su favor.

El Señor te muestre su rostro

Y te conceda la paz.

(Num, 6, 24-26)

 

Ver el rostro del Padre, sentir la paz en nuestro corazón y en tantos dolores de la humanidad es el gran regalo que nos hace el Espíritu de Dios.

Santa María, Reina de la paz, ha recibido en plenitud el don del Espíritu e intercede para que la paz de Dios acampe en los corazones de todos los pequeños del Evangelio.

Invocamos al Espíritu

  1. Invocación del Espíritu

Ven, Espíritu Santo,

Llena los corazones de tus fieles

Y enciende en ellos el fuego de tu amor.

V/ Envía tu Espíritu, Señor.

R/ Y renovarás la faz de la tierra

 

Oremos:

Oh Dios, que has iluminado

los corazones de tus hijos

con la luz del espíritu Santo;

haznos dóciles a sus inspiraciones

para gustar siempre el bien

y gozar de su consuelo.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén

  1. Lectura del texto: Lucas, 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

  1. Meditación

4.1. Los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre.

Nos dice el Papa Francisco en la carta apostólica “Admirabile Signum”, 5:

Los pastores se convierten en los primeros testigos de los esencial. Son los más humildes y los más pobres quienes saben acoger el acontecimiento de la Encarnación. A Dios que viene a nuestro encuentro en el Niño Jesús, los pastores responden poniéndose en camino hacia El, para un encuentro de amor y agradable asombro.

¿Te sientes testigo de lo esencial?

¿Qué es esencial para ti?

¿Estás en camino?

¿Hacia dónde?

 

4.2. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

María acogía todo lo que ocurría en su entorno: hechos hermosos como la visita de aquellos pastores, y situaciones adversas como el rechazo de todos los vecinos de Belén. Todo lo medita en silencio, lo lleva a Dios. Este es el secreto de su corazón puro e inmaculado. Ella no profería largos discursos, sino que en el silencio abría el corazón a la obra del amor de Dios en lo profundo del propio yo, dejando que la luz de Dios ilumine los entresijos de los acontecimientos

¿Cómo te afectan los acontecimientos de tu entorno?

¿Los llevas a la oración?

 

4.3. Somos Pobres de la Madre de Dios, en palabras de san José de Calasanz.

Pobres de la Madre de Dios expresa la identidad de los escolapios en la Iglesia. También la oración del escolapio se inspira en la pobreza y humildad de María y José, de aquellos pastores que dejan todo para ver y adorar al Niño Dios. Ellos miran con pocas palabras y mucha fe al Niño Dios. Lo miran, pero algo aún más hermoso, se dejan mirar por Él. Orar es mirar con asombro, con ingenuidad, con trasparencia en gran misterio de Dios.

La Madre de Dios y de todos los pobres viene en nuestra ayuda cuando la fe y el amor se debilita. Saben que, aferrados a Ella, su oración llegará al corazón de Jesús. Y así, cogidos de la mano de María, se remienda el tejido rasgado de nuestras familias y comunidades. Todos nos sentimos hijos suyos

Tómanos de la mano, María

¿Cómo orar desde nuestro ser pobres de la Madre de Dios?

¿Qué es orar con corazón de pobre?

 

  1. Para orar

En Belén, María, José, los pastores acompañaban al Niño Dios. No tenían tarea más importante que realizar. También, cada uno de nosotros podemos ahora acercar nuestra mirada pero sobre todo nuestro corazón al niño Dios. Es la mejor labor a realizar ahora. María, nuestra madre y educadora nos coge de la mano, nos acompaña. Ella nos lleva a Jesús.

Guardamos silencio. Prestamos atención a nuestro cuerpo, a nuestra respiración. Elegimos una postura adecuada. En nuestra respiración prolongada Dejamos que el cuerpo y el espíritu se aquieten, se serenen. A este ritmo, asociándolo a nuestra respiración vamos sencillamente a llamar a Jesús, una y otra vez, Jesús,  Jesús… Jesús….

Cerramos también nuestros ojos. En esta oscuridad, nuestra tención se centra sólo en Él. Está presente en lo más escondido de mi corazón. Jesús ven conmigo… Jesús, visita mi corazón… Jesús, te miro…. Jesús, te amo… Ámame, Tú, Jesús… Jesús… Jesús, dame tu paz… Jesús, da tu paz al  mundo….

Y también llamamos a María, madre y educadora de Jesús y de cada uno de nosotros: María… María… María, llévanos a Jesús….  María, me ofrezco a Ti… María, todo lo confío a tu corazón…

Y dejamos que el canto se haga oración en nuestro corazón.

 

  1. Sintiéndonos hijos pobre de la Madre de Dios, le decimos

A tu amparo y protección

Madre de Dios acudimos

no desoigas nuestros ruegos

y de todos los peligros,

Virgen gloriosa y bendita

defiende siempre a tus hijos

 

1 ENERO FICHA

CRÉDITOS IMAGEN: Nacimiento de Jesús, de Rupnik (Suore Consolatrici a Santa Severa, Italia, Cappella Natività)