Seleccionar página

María siempre está con las manos abiertas para acogernos. Su corazón no tiene fronteras. María es Madre de los niños, los pobres, los pequeños del Evangelio. Le puedes confiar tu vida con confianza. Sea cual sea tu realidad, Ella siempre te acoge. María te mira, te escucha, te cuida, te comprende… Por eso, hoy encuentro descanso en su regazo, como hizo su Hijo Jesús, san José de Calasanz y tantos escolapios que en Ella han encontrado la COMPASIÓN entrañable que fortalece el alma en el seguimiento de Jesús.

El amor y cariño de la Virgen María acompañó a Nuestro Santo Padre durante toda su vida. Él sentía que María, la Madre de Dios, le cuidaba y protegía; a Ella ofrecía su vida cada día con mucho amor. Calasanz estaba plenamente convencido de que “bajo su protección fue fundada esta obra” (EP 4417)

Agradecido por su presencia y ayuda, le expresaba su amor con la ternura del corazón de un niño y la sencillez de los pobres de espíritu; le gustaba mucho visitarle en algunas iglesias; ofrecerle sus oraciones, entre las que practicó con especial afecto su “Corona de las Doce Estrellas”, espejo de su alma escondida en el corazón inmaculado de María; y confiar a su intercesión las necesidades de la Iglesia, las Escuelas Pías, la paz en el mundo y la salvación de toda la humanidad.

Calasanz amaba entrañablemente a María. Se sentía pequeño y pobre en su presencia, confiaba plenamente en su protección y cuidado. Nos dejó escrito en 1627:

La Santísima Virgen es tan gentil

Que acepta toda devoción por pequeña que sea,

Con tal que se haga

Con gran amor o cariño.

Ahora, también yo voy a recordar las muestras de amor y cariño que María Virgen ha tenido conmigo. En qué momentos he sentido de forma especial su cariño, ante qué imágenes o advocaciones he sentido de una forma especial su presencia y protección, las personas que me han hablado de Ella y me han educado en su amor…

Cómo Ella acepta toda devoción por pequeña que sea con tal que se haga con gran amor y cariño, voy a hacer un gesto de amor hacia Ella. Me detengo ante el dibujo de la Virgen de las Escuelas Pías:

  • Le dedico un breve tiempo de recogimiento en mi interior, agradeciéndole su presencia y ayuda en mi vida
  • Le presento una oración con gran sencillez y verdad, como hacía Calasanz: o bien invocar su nombre para sentir su cercanía, o recitar un A tu amparo…, o una alabanza de la Corona, o cualquier devoción que mueva mi corazón
  • Reúno a mis papas y hermanos en casa para decirle juntos un Ave María
  • Le hago una visita en una Iglesia de mi ciudad, para hacerle un poco de compañía
  • Le Ofrezco una flor, en el aula, la Iglesia o capilla del colegio, en mi habitación… expresión de mi amor y confianza en su persona

Así, junto con Ella, le dedico unos minutos y le digo pausadamente y con mucho amor:

Virgen de las Escuelas Pías,

Te presento mi pequeña vida.

Acógeme, protégeme.

Y en tus brazos de Madre, llévame.

Prolongo mi oración, dejando que el canto a la Virgen de las Escuelas Pías llene mi corazón.